De cómo convertí un viernes infame en un viernes memorable


Noches tortura: Si no duermes, por lo que piensas y si duermes, por lo que sueñas.

Como habréis notado por la falta de actualizaciones en mis redes sociales esta ha sido una de las semanas más complicadas para mí en los últimos años. Tras estudiar diversas formas de salir de la situación he tenido que concluir con el cierre de una de las dos empresas que dirijo actualmente y estoy francamente afectada. Es cierto que no siempre uno es capaz de ponerse de acuerdo con sus socios y antes de que repercuta en una pérdida económica es mejor cortar por lo sano. Sin embargo no puede una evitar sentir el fracaso; un paso importante es tomar la decisión y otro aceptarla y cuando lo consigues los días se hacen más fáciles de llevar pero las noches siguen siendo (hasta que pase el duelo) una auténtica tortura. Si no duermes, por lo que piensas y si duermes, por lo que sueñas.

Siempre quise un doctor como David Gimeno.
Siempre quise un doctor como David Gimeno y en cierto modo lo he conseguido.

Se prometía un fin de semana infame con demasiadas horas a solas con mi conciencia, pero ocurrió algo a última hora del viernes que dio un giro a los acontecimientos y me sacó de la ya anticipada depre nocturna. Mi amigo, antiguo jefe, compañero de altos vuelos y posiblemente futuro editor José Antonio López Vizcaíno me comentó la posibilidad de asistir al concierto en Clan Cabaret que iba a realizar Pablo Carbonell esa misma noche. Para mi desgracia llegué tarde. No pude entrar pero aproveché para irme a uno de mis baretos favoritos (que queda cerca de donde era el concierto) y echar un torneo de billar con mi amiga María. Perdí tres de cuatro, por cierto.

Tras varias cervezas y una aplastante derrota pensé que quizá una opción era acercarme de nuevo a Clan Cabaret e intentar conseguir una pequeña entrevista para el blog con Pablo Carbonell. Lo peor que podía pasar era que me mandase a freír espárragos y como después de todo lo que llevaba encima no iba a ser traumático… así hice.

A pesar de las dos horas de concierto y de que ya venía siendo la hora de dormir Pablo me atendió con admirable simpatía. Bromeamos con fotos que nos hicimos, hablamos de su papel en otros trabajo que por suerte yo sí que había podido ver, me dio su correo electrónico para poder realizar la entrevista… y entonces apareció en la conversación su primo y compañero de escenario Eloy Sánchez-Gijón. Por supuesto el buen rollo aumentó si cabe, y pasamos un buen rato entre risas y cervezas hasta que llegó el momento crítico, cuando Eloy comenzó a lanzar una pregunta que empezaba por “qué os ha parecido…”. No pude evitar interrumpir con un gesto de Stop con la mano y confesar para mi vergüenza que me había sido imposible acceder al concierto… pero prometiendo que lo haría al día siguiente. En ese momento, y para rematar una noche que había pasado de depresiva a memorable… ¡Eloy tuvo el increíble detalle de invitarnos a mi amiga María y a mí a la función del sábado!

Y aquí de cómo un viernes que se prometía depresivo se convirtió en inolvidable gracias a Pablo Carbonell y Eloy Sánchez-Gijón. ¡Pero esto es solo la primera parte de la historia, mañana os sigo contando!