Piensa con corazón y siente con cabeza


Cómo me gustaría a veces tener ese pensamiento lateral infantil que Quino canalizó siempre con Mafalda. Y es que a veces la lógica de los niños es tan aplastante que nosotros mismos, los adultos, nos damos cuenta de lo tontos que somos.

mafaldaPues claro. ¿A que no lo habías pensado? son las tantas de la noche y estoy aquí en el ordenador con mi gato Blas espatarrado al lado. Él que puede dormir, es un bicho con suerte.
Estaba dándole vueltas a esto de pensar con amor y amar con sabiduría y haciendo un repaso por mi trayectoria emocional. Lo hago muchas veces pero desde diferentes perspectivas y al final siempre llego a las mismas conclusiones. Es cierto que con los años y la experiencia aprendes muchas cosas y una cada vez es más cautelosa con los amoríos que se le vienen presentando. Y también más exigente.
Hasta hace bien poco podía pasar de 0 a 100 en una relación sin medir los riesgos y pegarme una bofetada digna de terapia psicológica. Hoy por hoy amo con cuidado. Vuelvo a poder amar, eso también es verdad. He estado muchos meses…muchos, sintiendo la terrible incapacidad para despertar a las mariposas de mi estómago pero creo que por fin lo han hecho. Aunque como digo…y sé que a algunas de mis lectoras mexicanas les gusta la expresión “despacito y con buena letra”, que luego no ganamos para disgustos. Pero muchos os preguntaréis ¿Cómo se ama con cuidado? Bien, pues hasta aquí mi post de hoy…je je, es broma. Cuando hablo de amar con cuidado me refiero a no precipitarse. Creo que es bueno espaciar los tiempos para asegurarse bien cada paso que se da y aunque una esté deseando ver al chico en concreto y además ese sentimiento sea mutuo más vale echar de menos que echar de más. Si distancias los momentos para disfrutar de la otra persona los valoras y deseas con mucha más fuerza y pasión y de esa forma logras que eso último se mantenga más tiempo. También tienes tiempo para valorar si lo que te ofrece esa persona es verdaderamente lo que quieres y si te puede dar lo que necesitas (y tú a él/ella). No te dejas arrastrar por un bucle pasional sin meditar lo que estas haciendo para encontrarte de pronto en una comida familiar en la que ya en el postre te planteas la pregunta “y yo qué hago aquí?” y entonces vienen los agobios y nadie entiende que quieras recular.
Pero me gusta tomarlo con calma, especialmente para ver hasta qué punto la otra persona es capaz también de controlar las emociones y valorar las circunstancias y lo que le ofreces, porque si es así y respeta tiempos y espacios sentaréis las bases de una relación mucho más sana para ambos. ¡Y ojo! ¡¡¡que no digo que no haya que hacer locuras!!! ¡eso también es fundamental!
Esto es todo lo que os puedo decir hoy…Blas no quiere añadir nada más así que me voy con él a la cama.