El secreto de Adaline (#cajascríticas)


Cuando sacas una idea de un libro como El retrato de Dorian Gray y sabes que no se podrán evitar las comparaciones, tienes que estar muy muy seguro de que tu obra va a estar a la altura. Yo no sé si en este caso los guionistas, los productores o el director de la película lo estaban, pero si así era deberían hacerse ver la falta de juicio.
En El secreto de Adaline nos encontramos ante la vida de una mujer normal que en un momento dado sufre un accidente de el-secreto-de-adalinetráfico y muere. Dos minutos después despierta de nuevo porque un rayo cae sobre su coche generando una descarga eléctrica similar a la de un desfibrilador, consiguiendo reanimarla. Pero ahí no acaba el tema. La cuestión es que dicha descarga sin la menor explicación produce una modificación en su ADN logrando así que no envejezca. ¿Ciencia ficción? ¿Ficción científica? ¿Realismo mágico? No sé dónde encajar esta trama. Por si fuera poco, a este hecho le suceden una serie de acontecimientos inverosímiles que no terminé muy bien de entender, culminando con un romance poco trabajado y lleno de tópicos que en algunos momentos me hacía recuperar mi tic en el ojo.
Quizá la entrada en escena de Harrison Ford hace que durante unos minutos te reconcilies con la película y le des una nueva oportunidad a ese guión que hasta ese momento no deja de hacer aguas. Pero Indiana Jones ya no es lo que era, y se hace cómplice de un final made in Holliwood tan disparatado como previsible.
Si algo pudiera salvar de esta película sería la fotografía y el equipo de arte en general. Nada que no haya visto antes, pero ello no quita que sea un trabajo muy correcto y elegante. La banda sonora ni la recuerdo, y con ese dato sobran las palabras.
No suelo hacer críticas de este tipo, pero me da rabia que ante una producción de este nivel y una idea que prometía invitar -como poco- a la reflexión, nos encontremos un guión que podía haber escrito un alumno de secundaria que acaba de descubrir a Oscar Wilde.
Nota: 4 de 10