Francisco (El padre Jorge). Un santo bodrio.


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Confieso mi falta de fe. Y no hablo solo de la fe en la iglesia, también lo hago de la fe en buena parte de la humanidad. Todos tenemos un lado oscuro -unos más y otros menos evidente- que nos hace humanos e incluso bestias. Nadie se libra de esta realidad, hasta el mismísimo Jesucristo perdió los papeles y sufrió la ira cuando expulsó a los mercaderes del templo. El más santo de todos los santos resulta que también era humano.

La película Francisco (el padre Jorge) comienza con una periodista española que se encuentra en Buenos Aires con su hija mientras busca la documentación necesaria para escribir una novela sobre el sumo pontífice. Una vez presentada la co-protagonista del biopic comienzan a mostrarnos a un joven Jorge, hijo de emigrantes italianos afincados en Argentina que ha decidido, no se sabe bien por qué razón entrar en el seminario. Este hecho supone un conflicto familiar con su madre, pero no con sus amigos de quince años, que lo adoran y respetan porque por lo visto el joven, ya de muy joven iba encauzado a la canonización. Lo hacen coquetear con el amor a las mujeres, sin resolver nada. Nos lo presentan luchando contra el narcotráfico, sin entrar en detalles. Nos lo presentan en su día a día y en el trato con los pobres. En definitiva nos lo presentan como un santo más santo que el propio Jesucristo y yo hasta dudo de si deberíamos empezar a contar los años de nuevo cuando muera Francisco y decir escribir “1 d.F”.

Cuando voy a ver un biopic espero -por descontado- una buena documentación -para lograr una narración coherente y justificada- y un trabajo más que menos objetivo. Admiro la labor de este Papa, admiro su personalidad y su valentía, su espíritu de cambio a bien en una iglesia arcaica y distante hasta su llegada. Pero esta película no favorece mi imagen del padre Jorge, todo lo contrario. Lejos de conseguir que lo admire por lo que es, -un Papa del pueblo, por fin- me distancia de él y hace que no me crea al personaje (ojo, y no es culpa de la interpretación de Dario Grandinetti, que es de lo poco que salvaría de esta producción). Es culpa de un guión pobre, previsible, cursi y demasiado parcial.

En cuanto a la producción y dirección de la película solo puedo decir que me parece un trabajo mediocre y al nivel de un TV film de sábado después de comer.

En definitiva, una película que me hizo perder la fe también en ella en los primeros diez minutos, que me hizo mirar el reloj más de doce veces y que me distanció del único Papa del que me he sentido cerca. No creo, que si Francisco es tal y como lo pintan en la película, esté en absoluto de acuerdo con ese ensalzamiento desmedido de su santidad, con el despropósito de alejarlo de lo que él más ama, la dimensión humana.