Continúa el relato- Bajarás al reino de la tierra


Llevaba veinte años huyendo de un cadáver. La mitad de su vida la había empleado, acaso sin saberlo, en huir e un cuerpo abandonado entre el polvo, junto a una tapia desconchada por las balas de los fusiles del pelotón de ejecución.

Este era el fragmento que teníais que continuar esta semana y que pertenece a la novela Bajarás al reino de la tierra. El escritor es José Luis Ferris y con esta obra ganó el Premio Azorín el 1999. A partir de entonces ha escrito otras novelas como El amor y la nada o El sueño de Whitman. También es autor de las biografías en Temas de Hoy de Miguel Hernández, Maruja Mallo y Carmen Conde o de libros de poesía como Piélago, Niebla Firme o Cetro de cal. Participa activamente en este blog, pues podéis encontrar sus microcuentos y relatos en las secciones correspondientes,

Vuestros relatos inspirados en este fragmento han sido estos:

Veinte años. Veinte años de disimulo. Como diría el maestro Sabina: “toda una vida sin poder poner el culo”. Veinte años desde que intentaron fusilarlo en Sudán de adolescente por ser homosexual y lo creyeron muerto. Veinte años desde que esperó a que la noche y la borrachera de sus verdugos ocultaran su huida como la niebla. Huir de África. Y hoy, hojeando la revista “Time”, una lágrima resbaló hasta la portada dónde aparecía su fotografía. Keri Lenoir, la mujer más deseada. No importaba que siempre tuviera que ir al baño sola. Mear de pie era su venganza secreta.
Ahora, cuando su cuerpo empezaba a envejecer, recordaba la cara suplicando clemencia de aquellos infelices que por sus ideas, se encontraban en el bando opuesto.
Era la manera de definir su matrimonio, la comparación mas triste que encontró para contar que, ese cadáver, en realidad era su marido. un hombre malo, egoísta, mentiroso….. y las balas significaban las incontables heridas físicas y psicológicas que le había hecho a ella, a esa tapia que soportó tanto daño. Tanto como 20 años intentando huir de él. Hoy era su aniversario de boda, sus hijos eran mayores y conscientes de la mayoría de las vejaciones que soportó su madre, aunque nunca entendieron por qué aguantó tanto. Les faltaba la madurez que da el calzarse en los zapatos de otro. Dejó una escueta nota en la habitación de sus hijos, dando pocas explicaciones pero dejando claro que no volvería, aunque ella siempre sabría como estaban. Y si alguna vez la necesitaban, como buena madre que ellos sabían que era, encontrarían su ayuda. Pero ya había llegado la hora, preparó lo indispensable para irse, y con la cabeza alta cerró aquella puerta y tiró las llaves. Atrás quedaban 20 años, los próximos 20 serían totalmente distintos. Y sencillamente buenos.
Huir no es fácil, sobre todo cuando intentas hacerlo de algo que está dentro de ti, que te pertenece, que habita en tus noches acuclillado entre tus pesadillas más íntimas… Y que de día se dedica a palpitar entre los resquicios que deja el fuelle de tu propia respiración. Así que para qué intentarlo, me pregunté. Para quedarme por fin solo, me respondí. Entonces me di cuenta. Yo siempre había estado solo. Solo con mi fantasma. Comía solo, bebía solo, trabajaba solo, llegaba al orgasmo solo… Por qué renunciar a la única compañía que aún soportaba mis numerosas manías de solitario. No, no lo haría. Mi fantasma, mi querido fantasma se quedaría donde está.
Un música sonaba a lo lejos, era el himno de los vencedores, era electro-latino. No podía soportar el pésimo gusto musical de los seres de la noche. Aquellos eran para el los portadores de la suerte que nunca le sonrió, envidiando su vida social, la vida que sonríe a los sanos sobre los enfermos. La superficialidad es más poderosa y engulle civilizaciones, le hubiera gustado ser el dios vengativo, destructor de mundos vanos, creyendo necesario un nuevo comienzo con notas de jazz de los años treinta. Y allí en los recovecos de su mente encontró la armonía que nadie le brindo, con las historias ficticias, las que para él eran reales, las que leía, veía y escuchaba. Todo eso le llevo a ser un escritor laureado.
Ahora se encontraba ante el, o mas bien ante una tumba. Aquella a la que habia temido durante tanto tiempo y que ahora reposaba en aquel triste y lugubre lugar, y solo podia recordar el sonido firme de las pisadas del peloton alejandose despues de la ejecucion.
Y ahora, por primera vez, abrazado a ella se sentía libre. La tierra permanecía húmeda, había conseguido apaciguar el llanto de cada nube. Por fin, el cielo aparecía limpio, casi azul, casi…, apenas blanco. Ya no era necesario huir. Un mundo distinto se abría a través de aquella tapia y sus manos recogieron los casquillos que aún quedaban, oxidados. Los guardó en el bolsillo, junto a las viejas flores. Removió un poco la tierra y enterró en ella una pequeña piedra que sobresalía de entre las ruinas del muro. No había más restos de batalla. Nos despedimos de su recuerdo, no quedando rastro ya de aquel cadáver en mi memoria. La única forma que hallé de escapar fue volver, regresar de nuevo. Despedirme.
Aún podía oir el zumbido de las balas retumbando en su cabeza y recordaba como, en cuestión de segundos, le habían arrebatado la inocencia de sus tiernos 8 años, teniendo que contemplar, tras aquellos matorrales, cómo se desplomaba el cuerpo de su madre tiñendo de rojo las margaritas que crecían al lado de la tapia. Ahora el destino se reía de él y la tapia que tantos horrores había albergado, se había convertido en los muros del colegio de primaria en el que él enseñaba Historia.
Le venia a la mente, aquella tarde con el sol cayendo, agazapado entre aquellos matorrales. No podia creer lo que estaba viendo. A lo lejos, por el camino que bajaba del pequeño monte, otro camión se iba acercando, bamboleándose posiblemente por el pronunciado desgaste de las ballestas de su amortiguacion, conjugado con la decrepitud y mal estado del camino, y levantando tras de si una polvareda qe casi hacia imposible vislumbrar lo que este dejaba atras. No queria pensar que en ese camion, viniera cargado de gente y entre ellos volviera a estar algún conocido mas.
¿Cómo deshacerme de aquello que me torturaba? Aquel odio profundo que sentía, necesitaba arrojarlo lejos, pero no sabía cómo. Me asomé a la ventana de mi cuarto. Se divisaba el campanario de la vieja iglesia. Un impulso me llevó a calzarme y salir a la calle. En la penumbra de la parroquia, ni un alma. Casi como por instinto, me arrodillé delante del Sagrario, tan solo iluminado por una lamparita roja. Encima del Sagrario un cristo solo, doliente, retorcido. «(…) y perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden (…)». Bajé la cabeza y lloré. Salí afuera. Me sentí mejor.
“…como olvidar aquellas imagenes, tantos hombres caidos, baleados sin importar si eran culpables o no! Ahi estaban aun despues de tantos años, guardados en su memoria sin poder huir de ellos, con mil remordimientos de haber sido el unico sobreviviente de aquel fatidico dia de Noviembre. Su conciencia le recriminaba, pero sabia que nada ni nadie podria haberlos salvado de semejante bajeza…y el…el se salve por un milagro, que aun no entendia con que fin…”
TEXTO ORIGINAL
FerrisLlevaba veinte años huyendo de un cadáver. La mitad de su vida la había empleado, acaso sin saberlo, en huir e un cuerpo abandonado entre el polvo, junto a una tapia desconchada por las balas de los fusiles del pelotón de ejecución. Nunca desde entonces había vuelto a encontrar esa misma mirada, los ojos entornados de un hombre que acaba de morir y las pupilas aún brillantes marcadas por esa vaguedad transparente y precisa donde parece detenerse el instante final, la imagen helada y perpetua del asombro último. Desde hacía veinte años, aquella extraña mueca de felicidad que vio dibujada en la cara de su primer muerto y que habría de seguirle tan inconsciente y obsesiva como su propia sombra, como un secreto olvidado que surgía de pronto en mitad del sueño y lo empapaba en sudor hasta el amanecer, no había recobrado su condición real con tanta evidencia como en los labios del muchacho que ahora tenía a sus pies.
José Luis Ferris

2 thoughts on “Continúa el relato- Bajarás al reino de la tierra

  1. Me han parecido geniales todos los relatos inspirados por el fragmento de Ferris, en serio. En especial los de RB Casaseca y Yipi kayjey. ¡El primero tampoco deja indiferente! Geniales todos, de verdad 🙂 Gracias por crear esta sección. ¡Me encanta! Un saludo.

  2. Me parece genial esta sección. Induce a leer y a escribir. La novela ” Bajarás al reino de la tierra ” la he leído, la compré hace unos años y con razón ganó el Premio Azorín. Es muy buena. Los relatos, en general , me han gustado.

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