De Profundis (Oscar Wilde)


Séneca en sus Cartas a Lucilo, dejó escrito el camino más seguro para adquirir la sabiduría.

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Por José Luis Escobar

Lo puso en boca del “Gran Sócrates”

Hazme vencedor de todas las naciones, que el delicioso carro de Baco, me lleve triunfante desde el nacimiento del sol hasta Tebas. Que los reyes de los persas me pidan leyes; Cuando en todas partes sea saludado como un dios, mas pensaré que soy hombre. Haz que a tan sublime ascensión, le suceda una caída brusca”

Séneca, el cordobés, describió con milenios de antelación, la trayectoria vital de Oscar Wilde. Subido al carro de la gloria, fue aclamado en Londres, en París, en Filadelfia, en Boston, en Nueva York… Los ingleses ponían el nombre de Oscar a sus hijos por la admiración que sentían hacia el escritor. Como Fhaetón subido en el carro del sol, incendió la sociedad de su época con sus estrafalarias ocurrencias y su exquisita formación.

Sembró el desconcierto en el mundo poniendo su genio al servicio del estetismo, una moda superficial y estrafalaria en el ámbito material. En el intelectual, consistía en insustanciales agudezas, irreverentes y garbosas que repetidas a la hora del té producían sabrosos estremecimientos de placer, a las damas de la sociedad victoriana.

A Oscar Wilde se le descontrolaron los enérgicos caballos que tiraban del carro de su gloria, como a Phaetón se le desbocaron los caballos que tiraban del carro del sol.

Su desgracia vino de la mano de Lord Alfred Douglas, para el escritor Bossie, un muchacho agraciado, superficial, interesado y caprichoso, que tuvo trato amoroso con el erudito Oscar Wilde. El asunto no debió transcender de las lógicas consecuencias con la esposa e hijos de Oscar, pero una mala estrella quiso que el Lord tuviera un pésima relación con su padre, el marqués de Queensberry, conocido porque dotó al boxeo de sus actuales normas. El marqués acusó públicamente a Oscar de sodomita. Bossie empujó a Oscar a enfrentarse a su padre en los tribunales. La denuncia se volvió contra el escritor y fue condenado por el delito de sodomía, a dos años de trabajos forzados en la prisión de Reading.

El escándalo fue tal, que nadie en Inglaterra volvería a poner el nombre Oscar a sus hijos en los siguientes 20 años. La ignominia llegó hasta el punto de que el término “oscar” se transformó en un insulto que sustituía al término “vago”

Cuando salió de la prisión comprobó que ni su mujer, ni sus hijos querían volver a saber de él. Fue declarado en quiebra y por tanto, condenado a la pobreza. Tuvo que trasladarse a París, donde murió solo, pobre y con el nombre cambiado. Antonio Machado lo conoció allí y dijo de él que no llegó a ser vulgar, pero que había perdido la teatralidad. Sin duda no quedaba nada del dandy superficial y ocurrente.

De Profundis, fue escrita en 1897, dos meses antes de salir de la cárcel y tres años antes de morir. Es una carta a Bossie, el muchacho cuyos caprichos provocaron la brusca caída que describió Séneca.

Ya no hay en este texto de Oscar Wilde concesiones a los donaires, a las ocurrencias geniales, ni a la simplicidad del otrora esteta. Como un personaje de Esquilo, Oscar Wilde había transformado su conocimiento en sabiduría: “Porque Zeus puso a los mortales en el camino del saber, cuando estableció con fuerza de ley que se adquiriera la sabiduría con el sufrimiento” Así lo anunció Esquilo en su Agamenón. Casualmente Oscar Wilde se confesó un adepto de esta religión pagana.

Dos años en la cárcel, desatando nudos de maromas de barcos, condenado a la ruina, a la ignominia y abandonado por todos, Oscar repasa la relación con su “querido Bossie” y la describe descarnadamente aunque bañada en una conmovedora piedad.

De Profundis, es el texto de un sabio que a base de dolor, se ha comprendido a sí mismo, a la gente que lo despreció y a la gente que le amó.

Todo, en el texto es genial. Comprende y describe de forma magistral el gran error de su vida, la vida de un erudito, que resume en un pensamiento: “El verdadero necio, ése del que los dioses se ríen o al que arruian, es el que no se conoce a sí mismo. Yo fui de esos”

Desde la profundidad de un hombre sabio, que había sido esteta, sentenció: “El vicio supremo es la superficialidad. Todo lo que se comprende está bien”

Sócrates, uno de los hombres más influyentes de la humanidad, si hubiera podido diseñar la vida de un hombre para hacerlo sabio, a buen seguro que hubiera modelado la mente de un erudito, le habría envuelto en gloria y le habría lanzado al abismo del desprecio y la ignominia. Qué no hubiera dado entonces por conocer el resultado. El resultado es “De Profundis” un texto para meditar, para conmoverse, para disfrutar.

No desvelo más para no privarles del placer de su reposada lectura.

Aquí podrán encontrar el texto íntegro.

http://www.biblioteca.org.ar/libros/300544.pdf

Ilustración: Nicolas Paussin 1635. Phaeton y Helios, con Saturno y las Cuatro Estaciones.

Jose Luis Escobar