Entrevista a Fernando Schwartz


Trata temas históricos en sus obras ¿cómo surgen las obras y cómo se documenta?

Soy apasionado de historia. De hecho, mi primer libro fue un ensayo sobre los aspectos internacionales de la Guerra civil (¡hace ya 45 años!). La mayor parte de mis novelas tienen un trasfondo histórico porque me es muy seductor poder encajar personajes ficticios en situaciones reales, en hechos ocurridos. Suelo pensar en un tema, ya sea porque me intriga, me enfurece o me seduce o por pura casualidad; entonces imagino una anécdota y, a partir de ahí, investigo para llenarla de contenido. Empiezo por comprar libros y libros: me los leo y, desde ellos, escarbo en los lugares oscuros de lo que quiero.

Tiene algún ritual a la hora de escribir? ¿Cumple horarios?

Mi ritual es la anarquía. Cuando investigo y pergeño, voy con cuidado; no se deben cometer errores. Pero cuando me pongo a escribir, no tengo horarios, ni descansos. Hombre, a veces se bloquea uno y es preciso tener paciencia, rodearse de silencio y beber algún vodka tonic… hasta que se puede arrancar de nuevo.

¿Qué peso tiene el amor en sus obras?

Mucho: es el motor de la vida y siempre imagino mis historias rodeadas de pasión y sensualidad.

 En sus libros nos da una visión de la crisis de Europa con respecto al mundo ¿tiene algo que ver su visión como exdiplomático en esto?

Por supuesto. Un diplomático tiene una visión panorámica de la realidad. Ha viajado a los lugares, ha escarbado en las situaciones, ha estudiado los conflictos, los ha resumido y ha informado sobre ellos a un ministro de asuntos exteriores que no entiende nada o a quien no interesa el problema. Pero ha enriquecido su acervo en el proceso. Ha decidido. Yo soy europeo por encima de todo y me rebela la crisis por la que pasamos, nuestro egoísmo, nuestra avaricia. ¿Qué hacemos con los refugiados? Les cerramos la puerta y, de eso modo, Europa se aleja del sueño de unión y vuelve a la ramplonería de los mercaderes.

¿Qué recuerdos tiene de su etapa como diplomático?

Indefectiblemente buenos: no puedo renegar de una larga carrera, aunque me fui cuando empecé a aburrirme. Hasta entonces había sido variada, interesante, apasionante muchas veces. Y lo que he hecho después (escribir en los periódicos, escribir muchas novelas y hacer televisión) ha sido estupendo. Lo de antes fue el eje de mi formación como ser humano interesado.

Se ha dedicado al mundo de los medios de comunicación ¿Tiene algún proyecto entre manos?

¿De comunicación? ¡Nooo! ¿Me ve usted compitiendo con Belén Esteban? También es verdad que me gusta mucho la radio, pero…

¿Cuáles son las lecturas de su infancia?

¡Huy! Lo devoré todo y de este modo aprendí que leer es realmente divertido. Emilio Salgari (entre los 9 y 10 años leí toda la saga de Sandokán y los piratas de la Malasia), luego Julio Verne, luego Jack London… Y Guareschi y Zane Grey. Y así, poco a poco me fui dejando seducir por las grandes lecturas.

¿Cuál diría que es la palabra más llena de esperanza en cualquier idioma?

Me parece que “solidaridad”, que además se dice casi igual en muchos idiomas: “solidarité” en francés, “solidarity” en inglés, “solidarietà” en italiano.

¿Y la más peligrosa?

Sin duda “crueldad”, que también reza igual en francés, “cruauté”, en inglés, “cruelty”, y en italiano, “crudelità”.

¿Qué le ha atraído de participar en la Feria del Libro de Alicante?

Se viene aquí porque la gente lee en Alicante, porque aquí se falla un importante premio literario y porque no debemos los escritores limitarnos a Madrid y Barcelona, como si no existiera otra cosa. Me encanta venir aquí.