Los hermanos Lumière, ¿meros registradores de la realidad?


Los hermanos Lumière no son cineastas, sino inventores, aunque en realidad son el último

Joaquín Juan
Joaquín Juan

eslabón en una larga cadena que habían ido construyendo, entre otros, Manrey, Demeny o Edison. Lo que pretendían los Lumière (aunque Auguste le atribuye el mérito casi exclusivo a Louis) era registrar la realidad a lo largo del tiempo, reproducir la realidad de una forma cinematograph_lumiere_advertisment_1895continuada, algo así como una fotografía en movimiento o una fotografía animada. Con el cinematógrafo, aparece una nueva forma de representación, una nueva manera de fijar la realidad, pero toda nueva forma de representación necesita una ars o techné, esto es, una sintaxis, una técnica. Lo que hacen los Lumière con sus primeras películas no es más que probar las posibilidades del cinematógrafo, ensayar nuevas formas de representación. Son inventores poniendo a prueba las posibilidades de su invento.

Ahora bien, ¿hasta qué punto sus películas pueden ser consideradas “meros registros” de la realidad? ¿Son meros registros de la realidad los bisontes de Altamira? ¿Se puede registrar de forma fiel y objetiva la realidad sin intervenir en ella, sin alterarla de alguna forma? Es verdad que la mayoría de las películas de los Lumière están alejadas de lo que hoy consideraríamos como ficción, pero, ¿podemos estar seguros de que los Lumière, para registrar la realidad, no tuvieron que intervenir en mayor o menor medida en ella? El regador regado (1896) no es solo el primer gag de la historia del cine, sino una pequeña ficción narrativa preparada a conciencia. Y en La salida de los obreros de la fábrica Lumière (1895) y La llegada del tren a la estación de la Ciotat (1896), ¿por qué nadie mira a cámara? Salvo en el caso de que filmaran con cámara oculta, tendrían que haber preparado la escena, porque, si no, de forma inevitable, la gente miraría hacia la cámara, algo que todavía hacemos hoy en día a pesar de estar tan habituados a ellas.

Creo que los Lumière, desde el principio, fueron conscientes de que, con su invento, nollegada_tren solo podían registrar la realidad, sino también crearla. No sintieron demasiada curiosidad por esa realidad salvo para demostrar la valía de su invento. Por eso, a partir de 1903, cuando Méliès, Pathé y Gaumont ya estaban haciendo películas, los Lumière abandonan la filmación y se dedican fundamentalmente a la producción industrial de su invento, que es, al mismo tiempo, cámara y proyector, lo que permitía a los operadores de los Lumière mostrar lo que habían grabado ese mismo día al público en cualquier parte del mundo.

No hay en los Lumière una intención de crear ficción, pero, cuando empiezan a probar su invento, hacen cosas tan sorprendentes como proyectar al revés algunas de las películas, lo que permite ver cómo un muro que acaba de ser derribado se reconstruye a continuación, como ocurre en Demolición de un muro (1896).

Si Edgar Morin considera el cine como un nuevo esperanto es precisamente porque tiene un carácter universal. Quienes vieron las películas de Lumière en distintos lugares del mundo las comprendieron perfectamente porque el cine, en principio, no hacía más que registrar una realidad cotidiana. Es más, incluso cuando el lenguaje cinematográfico fue haciéndose más complejo, muchos de los recursos eran todavía comprensibles por la mayoría de espectadores, y, si no se entendía algo, no tenía que ver con el propio lenguaje cinematográfico sino con las referencias socioculturales que aparecían sobre la pantalla.

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