Confesiones de una vaga


Para no variar mi vida ha vuelto a dar un giro. Me caracterizo por mi vagancia, soy de esas personas que se puede quedar leyendo un libro que se sabe de memoria antes que bajar a caminar un rato, y eso que la playa que tengo justo al otro lado de mi ventana invita al paseo a cualquier hora del día.  Pero como digo, la vida gira y de pronto te encuentras en un contexto absolutamente distinto, y por suerte en este caso, más divertido. Resulta que tras la Feria del Libro de Alicante son muchas las puertas que se han abierto, supongo que algo hicimos bien, pero gracias al apoyo que encontramos nos hemos lanzado a montar nuestra propia agencia literaria. ¿No sabes qué hacer con ese libro que terminaste hace meses? ¿No sabes si tu abuela tiene criterio editorial o simplemente te quiere mucho? Pues nos envías el manuscrito y nosotros te devolvemos una evaluación completa del texto, y si es bueno además te buscamos una editorial.
Pero seguimos organizando eventos culturales y nos reunimos cada día con mucha gente que quiere proyectos. Además de leer mucho, pensar mucho y ver a mucha gente por ciudad y provincia yo, particularmente, estoy trabajando para un restaurante de bastante prestigio de aquí mi ciudad natal. Un restaurante especializado en producto local y con un cuidado exquisito de la cocina y el entorno. ¿Cuál es mi trabajo en un sitio como este? Me han contratado para posicionarse en dos sectores de la ciudad, por un lado el cultural (ese era obvio) y por el otro en el de estilo de vida (debo decir que es el lugar perfecto, circunstancia que facilita mi labor). Pero aunque todo lo que hago es muy divertido y ciertamente me estimula y me alegra la cara cuando me despierto… me fatigo. Ahora es cuando empiezo a notar las consecuencias de esa vagancia que arriba mencionaba, porque noto a mitad del día que me falta energía y aire.
Como estoy en racha y debe ser porque toco madera noble cada día en mi mesa de trabajo, me llamaron del gimnasio de bajo de casa  -al que llevo meses queriendo apuntarme y no me animo por pereza- para decirme que si iba ese mismo día me dejaban hasta julio por un precio simbólico de 28€. Y allá que fui. Me compré unas nuevas deportivas y un par de equipos de entrenamiento. Desempolvé la bolsa de deportes, que no sé el tiempo que llevaba en el altillo y me dispuse a entrenar fuerte, a ganar resistencia, perder peso y endurecer el culo. Llegué, de amarillo fosforito vestida, avisando de que allí llegaba yo con todas mis ganas a romper máquinas a base de esfuerzo. Me asomé a la sala de cardio, observe la cara de mis compañeros deportistas, me di la vuelta y me metí en el vestuario de nuevo, me puse el bikini y busqué la sauna. El primer día fue un éxito, una relajación total, tras una ducha fría me volví a casa con la sensación del deber cumplido. Me metí en la cama, me dormí y pasé un fin de semana de relajo entre playa y cama. Hoy me he dispuesto a volver, pero como estoy trabajando, esta tarde os cuento cómo ha ido.

 

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