Film d´art: ¿evolución o estancamiento del cine?


Por Joaquín Juan

El film d’art corresponde a una etapa muy determinada en los orígenes del cine, y, si bien no supone ningún avance desde el punto de vista del lenguaje cinematográfico, sí sirvió, en cierto modo, para conectar el cine con el teatro y buscar nuevos públicos. En 1907, el cine ya se había convertido en una auténtica industria en Francia, pero había llegado a un agotamiento de fórmulas y, sobre todo, de público. El cine seguía siendo prácticamente un espectáculo de barraca de feria destinado a las clases populares, mientras que la burguesía y las clases altas lo contemplaban, acaso con curiosidad, pero con una actitud de desprecio. Una de las causas de ese desprecio era precisamente la duración de las películas, demasiado breves.

En este caldo de cultivo apareció una nueva sociedad cinematográfica, creada por los hermanos Lafitte en 1908, que se llamaba Film d’Art y a cuyo frente habían puesto a dos hombres provenientes del teatro: André Calmettes y Charles Le Bargy. A pesar de las similitudes que pudiera haber entre el cine y el teatro, la verdad es que no había habido ningún tipo de permeabilidad entre ambas artes hasta este momento. En principio, esta nueva compañía iba a llevar al cine piezas teatrales, y para ello contrataron a dramaturgos y a actores procedentes del teatro. También emplearon a escenógrafos y a músicos. Lo más interesante del Film d’Art es que se decantó por temas exclusivamente literarios. De lo que se trataba, a fin de cuentas, era de atraer a un público burgués que, hasta este momento, no había acudido masivamente al cine, entre otras cosas, por los ambientes en los que se exhibían las películas. Uno de los mayores logros del Film d’Art fue precisamente ampliar la duración de las películas hasta más de dos horas de metraje y realizar las primeras superproducciones del cine.

El éxito de El asesinato del Duque de Guisa (1908), de André Calmettes y Charles Le Bargy, una de las obras inaugurales del Film d’Art, logró que la fórmula se exportara a otros países, e incluso Gaumont, una de las grandes productoras francesas, creó una división llamada Le Film Esthétique. La actriz más famosa de este tipo de cine fue Sara Bernhardt, que procedía del mundo del teatro. Ese fue precisamente el principal mérito del Film d’Art, estrechar las relaciones entre el cine y el teatro, por un lado, y aportar un buen nivel actoral al cine, por otro, si bien los actores y actrices debieron acomodarse y adaptarse a las exigencias del nuevo medio.

El Film d’Art, sin embargo, no proponía ninguna mejora técnica y se había despreocupado por entero de la sintaxis del lenguaje cinematográfico. Era poco más que teatro filmado, dado que la cámara permanecía inmóvil frente a una escenografía típicamente teatral, con lo que la fórmula se agotó tempranamente, hacia 1912. De todas maneras, el Film d’Art había servido para subrayar dos constantes que, a partir de entonces, no iban a abandonar al cine: sus relaciones amor/odio con la literatura y la importancia de los actores, convertidos ya en estrellas, algo que, en cierto modo, anunciaba lo que luego sería el star‑system.