La peor de las posibilidades


Por Rafa Zamorano

En un universo infinito se darían todas las posibilidades. Teniendo en cuenta que las posibilidades serían, asimismo, infinitas, podemos darle rienda suelta a la imaginación y crear mundos donde, por ejemplo, los dedos sean de chocolate y la expresión “chuparse los dedos” adquiera un sentido realmente sabroso. También podemos imaginar un mundo donde las personas tengan campos de concentración en el estómago o donde a la gente le crezcan flores en la cabeza en vez de pelo.

Esto, sin embargo, tiene un ligero problema, y es que en la imaginación nunca se pisa firme (es un suelo muy resbaladizo), y podemos concebir posibilidades verdaderamente aterradoras. Una de estas posibilidades que se me ocurrió un día dándole al coco es un mundo donde sólo hay escritores, pero no escritores al uso, sino escritores-posturetas. En este mundo no sólo los humanos son escritores, sino también las plantas y los animales. Podría darse el caso de que fueras a regar tu geranio y te empezara a hablar de la belleza estética de la fotosíntesis, o de su futura novela El sol y yo: un romance un tanto aguado. Tu perro podría también escribir odas “al paseo” (infumables, porque recordemos que en un mundo de escritores-posturetas cualquier manifestación literaria es infumable), y tu gato seguramente escribiría algún soneto dedicado al teclado del ordenador.

En cuanto a los humanos, sus características serían las mismas que las de los escritoresposturetas de la tierra, sólo que habría muchos más individuos de esta clase (todos, para ser exactos). Tu madre sería una escritora-postureta, también lo sería tu padre y tus hermanos. De hecho, lo serías hasta tú. Esto puede sonarte raro, porque está claro que tú no eres un escritorpostureta, pero haz el esfuerzo y ponte en el papel de uno. ¿Notas cómo se te infla de aire el ego? ¡Ah, es tan solo el primer síntoma! Luego vienen las ganas perentorias de publicar cualquier bazofia y de enseñarle tus escritos hasta al cobrador del frac. Por último, el fracaso (nunca te van a publicar nada) hará que el globo de ego desinfle y todo vuelva a comenzar. Al día siguiente habrás leído frases motivacionales de Coelho en Facebook y te volverás a hinchar. Es el ciclo vital de ese planeta aterrador.

Por supuesto (ya puedes salirte del papel), y es por esto que no hemos de preocuparnos, este mundo sería insostenible. Todos se odiarían entre sí y acabarían matándose. Habría una guerra mundial de egos, una hecatombe, una exterminación total. Para una persona normal, sería imposible vivir en tales condiciones. Ningún cerebro sano podría resistir un bombardeo constante de frases como: “Soy escritor” o “Yo leí el Ulises con cinco años”

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