El sabor de las palabras

El próximo jueves tendrá lugar, por fin, la primera cena de El Sabor de las Palabras. Este ciclo tiene un formato curioso aunque no original, puesto que se lleva haciendo años en diversas ciudades españolas. Consiste esencialmente en compartir una cena especial con un autor. En nuestro ciclo abrimos 35 plazas a las que puede acceder cualquier seguidor del autor propuesto o de la literatura en general, el único requisito es que se apunte entre los 35 primeros. Durante el evento se presentan vinos y se hace una cata de las bodegas patrocinadoras, el chef hace una propuesta gastronómica basada en la última obra del autor, y el autor -junto al moderador- abre un tema de diálogo en el que el resto de comensales vienen dispuestos a entrar.  El objetivo final de este evento es que las personas que asistan tengan la sensación de haber compartido una velada con uno de sus autores favoritos, oportunidad que habitualmente no se encuentra uno.

¿Con quién vamos a empezar? Pues nada más y nada menos que con Javier Sierra. A fecha de hoy, desde la organización, no tengo más que palabras de agradecimiento para este autor que, a pesar de su agenda, de la demanda de bolos y de su reconocimiento mundial no ha hecho más que facilitar nuestro trabajo y entrar en todos los juegos de promoción que le hemos propuesto. Vease:

Las siguiente cena estará presidida por Espido Freire, tendrá lugar el 14 de octubre y el enlace para apuntarse o recibir información es el siguiente: http://bit.ly/2ao1z9T

Esperamos que esta iniciativa sea de vuestro interés y podáis compartir mesa con vuestros autores favoritos.

LA CENA SECRETA (de @Javier_Sierra)

Por Manuel Avilés

Estamos ante una novela de Javier Sierra que no sé muy bien como calificar: Novela de intriga y policíaca. Novela histórica o Novela sobre el arte. No sé muy bien como calificarla porque puede ser y es las tres cosas dichas anteriormente.

Javier SierraNos situamos en los años finales del siglo XV en la ciudad de Milán. El Duque de Milán es Ludovico el Moro y su esposa es la preciosa Beatriz del Este, que murió a los 22 años al dar a luz un niño que nació muerto. Ambos, llenos del espíritu italiano del Renacimiento – se acababa la Edad Media y florecían todas las artes en un mundo en el que el hombre quería ocupar el centro- protegían a pintores, escultores y artistas de todo tipo. Auténticos mecenas renacentistas.

Uno de sus protegidos Leonardo Da Vinci – prototipo de hombre universal que sabía de todo e intentaba con éxito tocar todas las artes- recibe el encargo de un cuadro piadoso en la Iglesia de Santa María Della Grazie. Se pone manos a la obra y comienza el fresco de la Santa Cena en el refectorio del monasterio dicho.

En esa época gobierna la Iglesia un papa sinvergüenza y español, Alejandro VI, el papa Borgia. En toda la historia de la Iglesia solo ha habido dos papas españoles: Calixto III y Alejandro VI. El primero era tío del segundo y fue el tío quien aupó al sobrino hasta Roma, donde su afán de poder y su capacidad de manipulación hicieron el resto. Baste decir como ejemplo que el papa Borgia, Alejandro VI, tuvo – que se sepa- cuatro hijos con la italiana Vannoza Catanei, que era, como se diría ahora, su pareja sentimental a los ojos de todo el mundo. Inspirándose en uno de esos cuatro hijos – César Borgia- se dice que escribió El Príncipe Nicolas Maquiavelo.

En el monasterio de Santa María Delle Grazie, bajo la protección del duque de Milán, Leonardo Da Vinci comienza a pintar “La última cena”. Mientras Leonardo trabaja en la cena evangélica, un anónimo, al que el autor se refiere como el Agorero, escribe cartas al Papa sobre supuestos significados ocultos en la pintura. Ocultos y heréticos. El Papa manda a un inquisidor a investigar y he ahí la trama de la novela que ya no puedo contar con más extensión porque está prohibidísimo reventar las buenas novelas. Las malas ni se leen.