Genes

Eduardo Boix

Decía Sabina en una canción: “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. Esos versos son un dardo certero en el corazón. A veces los recuerdos se agolpan como caballos a la salida del hipódromo. En este año extraño que estoy viviendo esos versos se han vuelto como una verdad universal, tanto como el amor que profeso por mi padre. En estos días extraños en que el bicho dichoso combate con mas virulencia que nunca hace que mis miedos afloren antes, con mas vehemencia, con toda la fuerza que el tema requiere.

Cada vez tengo más la sensación de que me voy a quedar con cosas que hacer en la vida. Se está instalando en mi un miedo que nunca ha existido. Tengo miedo a la muerte. No al dolor, al hecho de no volver a ser, de no estar en este mundo. Sobre todo tengo miedo a que mi padre no esté. Me viene a la memoria una entrevista que me hizo el programa La libélula de radio 3, la compañía de mi padre en los estudios de radio nacional en Alicante. Sus ojos, su orgullo. Siempre he tenido la certeza que me han faltado momentos para estar con él. Desde que enfermó allá por 1996, siento la necesidad de protegerlo, de que nada le pase. Vivir asi en parte es una tortura, no descanso casi no duermo, el pánico se apodera de mi. Repaso cada día los instantes que soy feliz con él, nuestras sonrisas y nuestras discusiones, somos muy de discutir va en los genes de los Boix.

Desearía echar atrás en el tiempo. Intentar avisarle que se cuidase más en su juventud, que no hiciese tantas burradas con la alimentación, que no fumase, que disfrutase más de la vida. Pero no lo puedo hacer, solo me queda estar a su lado y disfrutar lo que nos deje la vida estar juntos.

Truman (con @bombitadarin y @javiercamara1)

El pasado sábado mi madre me llevó al cine. Como sabéis ando bastante encerrada estudiando oposiciones últimamente y dedico poco tiempo al ocio o a las relaciones sociales fuera del ordenador, qué triste. Pero mi madre me hizo una oferta que no podía rechazar, me dijo “te hace un cine + montaditos?” y claro, a ver quién dice que no. Le dije que eligiera ella la película y sacó entradas por internet. Una vez allí entramos a la sala y lo único que sabía era que el protagonista sería Ricardo Darín, cosa que ya para mí resultaba una garantía.

fotonoticia_20140515124812_800Truman -ese era el título de la película que empezaba a proyectarse frente a nosotras- habla de dos hombres a los que une la amistad desde hace muchos años, que han compartido casa, experiencias…pero que la vida -caprichosa- ha distanciado. Tomás (Javier Cámara) vive ahora en Canadá y Julián (Ricardo Darín) en Madrid. Cuando Tomás se entera, por la prima de Julián, de que este se encuentra en una situación crítica de su enfermedad decide coger un avión y hacerle una visita que durará cuatro días. -Destaco lo de los cuatro días porque saber este dato desde un principio ayuda al espectador a ir encajando momentos en un hilo temporal que parece que él mismo domina y ante las circunstancias que describe la película, a algunos nos ayuda tener la sensación de que vamos a poder controlar en cierto modo los hechos-.

En el momento en el que Tomás y Julián entran en contacto en la pantalla encontramos un elemento de conexión entre ambos que se llama Truman, y que no es otro que el viejo perro de Julián. A partir de este momento Truman va a tener un papel metafórico y elemental más que visual en el desarrollo psicológico de la trama.

A pesar de que Tomás inicialmente pretende hacer cambiar de opinióricardo_darin_y_truman_cortesia_19sep2015n a su amigo y convencerlo de que siga adelante con el tratamiento, la propia vida, el amor, la compasión -y los límites de la medicina moderna- le hacen abrir los ojos a una evidencia que el que no está en la situación muchas veces se niega a comprender.

Una película minimalista en términos de producción, magnífica a nivel de interpretación y mágica en el plano emocional, te lleva entre miradas y gestos a sucumbir con calma y elegancia al viaje final de alguien para quien seguro que es demasiado tarde para retroceder y demasiado pronto para marcharse.

Os añado un comentario personal en el videoblog y os invito a que nos dejéis el vuestro. ya sabéis que así seguimos haciendo comunidad y yo os lo agradezco ^^.

El último adiós

He luchado, a veces con llantos. Al final me ha ganado, por eso estáis aquí…
Felices los que lloran…Es la hora de la separación. Me haréis presente cada vez que me recordéis, habléis de mí.

IMG-20141005-WA0000Quizá cuando toda tu vida pasa por delante y apenas los dedos responden a lo que tu corazón necesita gritar haces un último intento en una hoja que nadie pueda leer antes de tiempo, donde nadie sospeche y pueda averiguar que de una forma u otra, esperas lo inevitable y tratas de que nadie sufra más de la cuenta porque sabes lo cerca que estás del último adiós.

Casi no encontramos las palabras que leí al principio, como digo nunca las hubiéramos buscado en el lugar en el que las escribió de no ser por un sueño de Laia. Yo no sé dónde va nuestra energía al salir de nosotros. Me gusta pensar que se funde en cada uno de los que estamos a su alrededor. Que fluye entre los que le dimos la mano en los últimos segundos. Me gusta pensar que cuanto más unidos nos veamos más presente está él.

Quizás por eso nos pedía que aunque él no estuviera nos mantuviéramos en contacto. Quizá es esa su manera de seguir vivo.

Pero es importante que sepáis que con la pérdida única de un ser humano como era él el mundo perdió un valor infinito de bondad. Un corazón tan grande que tuvo que romperse cuatro veces para seguir destilando amor y que a pesar de eso no dejó de latir.

Conviene que sepáis que Antonio, a lo largo de su vida, adoptó dos familias. Que cinco personas desarrollaron la sensibilidad a su lado. Que cinco fueron los niños a los que educó, y que a los cinco les guió por la senda del corazón. Y que de lo que nunca te arrepientes es de lo que el corazón dicta, porque aunque te hayas equivocado, hecho el ridículo o naufragado, el mundo y tú sabréis que solo actuaste por amor y es imposible no amar a un hombre bueno.

Es sols per l´amor que en creixen roses als dits.

Así que cinco son las rosas de los versos de Martí i Pol que te crecieron, una por cada dedo de la mano, explicabas, (Laia, Betty, Carles, Guillermo y Marina) que seguirán la raíz que solo por amor creció en tu vida y que fuiste el tronco sin el que hoy, casi un mes después, todavía nos sentimos perdidos.
No conozco a nadie que tenga una sola palabra de rencor hacia de quien hoy hablamos. Nadie hay en esta sala a la que no dedicaste una sonrisa, quizá un abrazo, si tuviste el placer de conocerlo. Y si no, podréis notar que desde aquí, a mi lado seguramente os mira y os sonríe, os agradece esta despedida sincera.
Libertad no conozco sino la libertad del amor, la única libertad que me exalta, la única libertad porque muero.

Cómo podría decírtelo
para que me fuese sencillo, para que te fuese verdad,
que a menudo me sé tan cerca de ti, si canto,
que a menudo te sé tan cerca de mí, si escuchas,
y pienso que nunca me atreví a decirte siquiera,
que debería agradecerte todo el tiempo que llevo queriéndote.

Que juntos hemos caminado,
en la alegría, en la pena,
que a menudo has llenado el vacío de mis palabras
y en nuestra complicidad siempre me has dado un buen consejo.
Por todo esto,
debería agradecerte todo el tiempo que llevo queriéndote.

Que pasan los años,
llega nuestro adiós, y así ha de ser,
y me pregunto si hallé el gesto correcto,
y sabré acostumbrarme a tu ausencia.
Pero todo esto es otra historia,
ahora quiero agradecerte todo el tiempo que llevo queriéndote.

Te quiero, sí,
tal vez con timidez, tal vez sin saber quererte,
te quiero
y lo poco que valgo me lo niego ahora que no estás
te quiero, y me sé feliz simplemente de haber estado mientras eras y de
poder haber compartido a tu oído lo que aquí mismo repito mientras dejabas de ser.