Alifornia

Eduardo Boix

Como siempre he dicho vivimos en una zona privilegiada. El mediterráneo es un espejo donde mirarse en tiempos tan inciertos. Pasear por Alicante cada día, es mas reconfortante a pesar de muchas cosas. La ciudad de Alicante se ha convertido en el centro neurálgico de las quedadas de la provincia. El “tardeo” es una buena forma de relacionarse, siempre alrededor de una mesa, como bien sabemos hacer los españoles. Podriamos Afirmar que la calle Castaños, es el centro neurálgico de todo. El santa santorum del ir y venir de gentes de cien mil raleas, un espacio único en el mundo.

Pero no solo es esa zona. Todo Alicante esta de moda, la nueva California o Alifornia como se la ha empezado a denominar. Su sol, su gente, su gastronomía son grandes atractivos para los visitantes y para los habitantes de la zona. La ciudad de la luz es un bello lugar donde perderse. Alifornia es un concepto que traspasa fronteras, estamos en el centro mapa del ocio mundial y se percibe por e turismo que genera cada iniciativa que se crea. Queda mucho por hacer, por supuesto, no hemos creado ni la milésima parte de lo que puede llegar a ser pero estamos en el camino.

El turismo debe ser la base de todo, nuestra bandera mas firme y eso no se consigue solo con el sector hostelero. La CULTURA en mayúsculas debe ser una punta de lanza. Tal vez es el sector donde mas podríamos crecer. A ver si las autoridades competentes comienzan a creérselo y ven Alicante como lo que es, el gran puerto de la cultura mundial, el próximo referente, la joya de la corona.

Mitos

Por Eduardo Boix

Cuando tenia trece, catorce o quince años soñaba con ser escritor y veía este oficio con cierto halo de misterio y misticismo. Lo sentía inalcanzable y a sus autores dioses de un Olimpo de letras y tinta. Magnificaba a los escritores, eran algo grande, como seres de otro planeta. Personas ajenas totalmente a mi día a día, a mi entorno y a todos los personajes que circulaban por mi barrio. Eran los sueños de un niño de barrio, de un barrio obrero situado en la periferia de la periferia, un lugar lejano a todo y todos.

Recuerdo el día que quedé a tomar una cerveza con uno de mis mitos, Mariano Sánchez Soler. Yo necesitaba consejos para adentrarme en una novela negra, muy negra y criminal como pocas, él accedió gustosamente a charlar conmigo. Diseccionó mi historia e hizo un recorrido por literatura y cine a la que debería echar un ojo. Fue tan cercano, tan afable, tan cariñoso que me fuí encantado aquella mañana. No se me cayó un mito, se reforzó mi visión de él, tan solo que humanicé su figura. Mariano Sánchez Soler es uno de los grandes de la novela negra de este país. No solo es un escritor de este tipo de literatura además es ensayista, guionista y un poeta con una profundidad insólita en pleno siglo XXI. Podríamos decir que Sánchez Soler es un ser poliédrico, con una sensibilidad muy pronunciada. Además de su parte creativa, ha sido uno de los mayores cronistas políticos y del género negro del país y de su transición.

Hoy me siento dichoso, aquellos mitos con los que soñaba conocer son mis amigos. Mariano es una persona generosa y cariñosa. Da gusto estar con él y compartir confidencias y bromas. Un placer estar rodeado de mitos, hombres o gentes con la profundidad de Sánchez Soler. El mito hecho carne, el hombre y su alma. El amigo.

Genes

Eduardo Boix

Decía Sabina en una canción: “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. Esos versos son un dardo certero en el corazón. A veces los recuerdos se agolpan como caballos a la salida del hipódromo. En este año extraño que estoy viviendo esos versos se han vuelto como una verdad universal, tanto como el amor que profeso por mi padre. En estos días extraños en que el bicho dichoso combate con mas virulencia que nunca hace que mis miedos afloren antes, con mas vehemencia, con toda la fuerza que el tema requiere.

Cada vez tengo más la sensación de que me voy a quedar con cosas que hacer en la vida. Se está instalando en mi un miedo que nunca ha existido. Tengo miedo a la muerte. No al dolor, al hecho de no volver a ser, de no estar en este mundo. Sobre todo tengo miedo a que mi padre no esté. Me viene a la memoria una entrevista que me hizo el programa La libélula de radio 3, la compañía de mi padre en los estudios de radio nacional en Alicante. Sus ojos, su orgullo. Siempre he tenido la certeza que me han faltado momentos para estar con él. Desde que enfermó allá por 1996, siento la necesidad de protegerlo, de que nada le pase. Vivir asi en parte es una tortura, no descanso casi no duermo, el pánico se apodera de mi. Repaso cada día los instantes que soy feliz con él, nuestras sonrisas y nuestras discusiones, somos muy de discutir va en los genes de los Boix.

Desearía echar atrás en el tiempo. Intentar avisarle que se cuidase más en su juventud, que no hiciese tantas burradas con la alimentación, que no fumase, que disfrutase más de la vida. Pero no lo puedo hacer, solo me queda estar a su lado y disfrutar lo que nos deje la vida estar juntos.