Por qué “Por trece razones” no es una serie para adolescentes (contiene muchos spoilers)

Tal y como anuncié en mi Facebook, me dispongo a explicar brevemente por qué considero que Por trece razones no es una serie para jóvenes ni una serie contra el bullying, ni siquiera una “serie denuncia”.
Para los que no estén familiarizados con el tema voy a tratar de resumir el argumento en pocas líneas:

Hannah Baker es una adolescente de dieciséis años que acaba de mudarse a un pueblo y de incorporarse como “la nueva” al instituto local. Hannah no tiene el perfil de chica marchosa, de animadora, deportista ni empollona; a decir verdad, Hannah es la típica muchacha que no destaca por nada. Poco tiempo después de empezar a vivir en su nueva casa conoce en una fiesta al primer amor de su vida, un muchacho popular con graves problemas emocionales y conflictos familiares, que se encarga de que la reputación aséptica de Hannah pase a resumirse en las primeras seis letras de la propia palabra reputación. Hannah, por supuesto, encaja mal esta situación, de la que se avergüenza profundamente y por la que empieza a sentirse incómoda en un entorno que apenas conoce todavía. La historia sigue, y a esta anécdota tristemente frecuente desde la aparición de las redes sociales y la facilidad que tienen los chavales de compartir imágenes y más cosas, se suman conflictos con amigos, otros desengaños amorosos, sentimientos de culpa, de traición, de vergüenza y de más vergüenza, para rematar con escándalos sexuales que colman el vaso de una criatura que opta, finalmente, por quitarse la vida. Ante esta decisión premeditada y fría, tal y como la presentan productores y guionistas, Hannah graba unas citas de cassette -sí, de
cassette (tiene sentido porque en este formato no es tan fácil viralizar el contenido)- en la que explica una por una las razones que la han llevado a querer morirse. Cada cara de cada cinta es una razón, y cada razón es una persona.

Este último hecho permite a los guionistas vender la serie con el gancho de una novela negra o una serie policíaca en la que la escena del crimen se presenta como desencadenante de la historia, en la que cada capítulo pertenece a la cara de una cinta y, por tanto, reduce la serie a 13 episodios.

Yo no voy a entrar en el análisis de la serie, en la producción ni en detalles técnicos; me voy a centrar exclusivamente en las razones por las que desde mi ámbito de trabajo, que es la psicología con adolescentes, no recomendaría a los padres que permitieran a sus hijos ver, tal y como está contada, la historia de Hannah. Procedo a la enumeración de mis observaciones:

1. Aunque aparentemente, por el resumen de la trama, puede venderse como una historia que presenta causas y consecuencias del bullying y, de hecho, este es el argumento que utiliza la productora para viralizar la serie, NO ES CIERTO. La trama que se presenta va mucho más allá del bullying. Si bien en los primeros capítulos vemos cómo los jóvenes son machistas, despectivos y soeces con Hannah así como con otros compañeros, y que realizan constantemente acciones humillantes hacia algún personaje -algo que sería útil para trabajar con los alumnos de secundaria-, todo ello deriva hacia la mitad de la serie en una cadena de agresiones sexuales terribles y explícitas que son las que verdaderamente conducen a las decisiones extremas. Por tanto, el valor del bullying y el valor educativo de la serie se diluyen hacia el capítulo seis para intensificar la acción en algo que sobrepasa el entorno escolar y el acoso.

2. No hay final feliz ni alternativa al desenlace: es lo que se podría llamar UNA TRAGEDIA en el sentido original de la palabra. No hay mensaje educativo, no hay oferta de alternativa, no hay escapatoria. Los chavales no pueden sacar ningún mensaje positivo de esta serie, pues los acontecimientos y el final son absolutamente desesperanzadores para cualquiera.

3. Presenta al centro educativo, a los especialistas y a los padres como inútiles e incapaces de hacer nada por encontrar soluciones. La crítica al sistema es negativa, haciendo hincapié en que los programas de prevención de los centros no funcionan, sin sugerir posibles soluciones. Culpabiliza a profesores y padres de no ver las señales que pueden llevar a los muchachos al suicidio, y tampoco ofrece la esperanza de una solución, más bien al contrario; en un momento dado, el orientador del centro da una charla a los padres en la que explica las señales que avisan de un suicidio, para en otra escena decir “una cosa es conocerlas y otra verlas, que no es tan fácil”. En mi opinión esto puede llevar a que los muchachos que sufren acoso y vean la serie dejen de creer que pueden ser ayudados y que la única vía de escape es la que elige la protagonista.

4. La última causa de las trece que se presentan en las cintas es el propio orientador del centro. Qué flaco favor estamos haciendo al sistema educativo, ridiculizando la figura que los alumnos deberían tener para apoyarse.

5. Hannah se suicida, sí, y es una decisión que toma premeditada y fríamente. En un elevado porcentaje de suicidios no estamos ante una decisión fría, sino todo lo contrario. Es una decisión impulsiva y nublada por una patología grave o una situación extrema. Estoy de acuerdo con que un público maduro puede ver y analizar y pensar al final que lo que nos presentan es un caso hipotético, pero ese mismo análisis no lo puede hacer una criatura de 13, 14 o 15 años que ve la serie. Lo que ve es que, analizando todos los factores y visto que la gente no cambia (como dice en un momento dado la propia protagonista), lo mejor es que “yo me quite de en medio y así ya no sufro más”. Sí, señores, eso se puede ver como apología del suicidio y tiene un grave efecto llamada (consulten a sus amigos periodistas por qué se evita citar la causa de la muerte cuando se trata de un suicidio).

6. Siguiendo con Hannah. La propia víctima hace en algunos capítulos plantearse quién es víctima de quién, ya que la trama “perdona” o “reconcilia” con el espectador a algunos de los personajes que en un principio parecen “los malos” y la protagonista parece haberse suicidado como venganza, dejando unas cintas narradas desde el rencor con un tono escandalosamente frío, unas cintas cuya finalidad es hundir la vida de aquellos que hundieron la suya, algo que consigue hacer, pero no precisamente con los personajes más culpables. Instrumentaliza el suicido y, por tanto, presenta una imagen romántica del suicida, que más allá de la muerte consigue su venganza. Por favor, ¿siguen queriendo vender que es una serie para ver en los institutos?

7. El último de los puntos que considero importantes para defender a los países que han restringido la serie a menores es la claridad con la que se presentan las escenas de suicidio y las violaciones. Un plano de cerca de un minuto fijo en la cara de la chica que está siendo violada o cómo la cuchilla de afeitar atraviesa sus muñecas dejando salir a chorro la sangre mientras una madre desesperada no puede hacer nada para frenar la muerte inminente de su hija en la bañera, hiere la sensibilidad de cualquier persona en su juicio. Hay una saña particular en la muestra de estas imágenes, justificada por los directores de la serie como herramienta para concienciar de la gravedad de la situación y evitar la indiferencia. Tienen razón, indiferente, desde luego, no deja, pero tampoco tengo claro sirva para algo bueno.

Quizá muchos de los que lean este artículo no estén de acuerdo conmigo. En fin, que a mi juicio no es una mala serie, pues genera intriga y engancha, pero por favor, que no caiga en manos de un adolescente víctima de acoso, porque el mensaje que va a recibir es de todo menos preventivo o esperanzador.

LA TABLET: UNO MÁS EN LA FAMILIA

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Magdalena Jabazin, Psicologa. Formadora. Talleres Creativos Salud Emocional. Atención Psicológica Familias, Parejas y Niños.

En este artículo intento hacer una breve recopilación de consejos y pautas que puedan ser de utilidad práctica para los padres y madres que tenéis dudas o problemas a la hora de gestionar con vuestros hijos el uso de la tablet.

La convivencia con la tablet no es un problema, pero………..

¿Por qué les gusta tanto a los niños y jóvenes?  

guia-dia-del-nino-500-2000-650x450Todos conocemos el poder de atracción que tiene, y es importante que los padres entendamos por qué y ayudarles a gestionar su tiempo (de ocio, estudios); ya que cuando este tiempo está casi totalmente volcado en usar la tablet, se convierte en un problema y foco de discusiones en la familia.

Para ellos es un juguete divertido, simple diversión, no hay más. A parte, se utiliza para estudiar, incluso en muchos centros escolares ya forma parte de la dinámica de trabajo tanto en el aula como en casa.

¿La tablet es “mala” o “buena”?, en sí misma ni mala ni buena; como todo, depende del uso que se haga de ella, al igual que cualquier otro dispositivo. Es “buena” cuando se utiliza en su justa media. ¿Cuál es la justa medida?, no hay una regla general, tenemos que tener en cuenta varias características como la edad de nuestro hijo, su capacidad de autonomía y autocontrol, entre otras.

Cada familia es un universo irrepetible, cada niño tiene sus propias características, y nadie les conoce mejor que sus padres. Unos padres informados tendrán las herramientas necesarias para poder establecer, bajo su criterio y estilo educativo, las normas de relación entre sus hijos y la tablet. Para que os sirva de guía, aquí comparto algunas orientaciones que pueden servir de apoyo y os pueden ayudar a prevenir problemas y discusiones:

1º  Tener en cuenta la edad de tu hijo. Desde www.hijosdigitales.com recomiendan como mínimo que los niños tengan 3-4 años, (dependiendo del niño), para empezar a utilizar la tablet, ya que antes de esta edad no se sabe qué consecuencias puede tener para el pequeño (a nivel cognitivo, visual o manipulativo).

2º Controlar los contenidos a los que vuestros hijos puedan acceder. Hay que estar al tanto de lo que tus hijos hacen en Internet, restringir los contenidos inapropiados o las aplicaciones para adultos, en definitiva, ejerce el control parental de contenidos.

Las técnicas de control parental, en general, se dividen en dos grandes grupos:  

  • Control parental con filtro de contenidos. Es el más interesante, ya que evita que los niños vean o utilicen el contenido inapropiado mostrando el correspondiente aviso. Tenéis la opción de restringir:

    Descargar aplicaciones para adultos desde la App Store o Google  Play.

    Restringir las compras de nuevas aplicaciones.

    Restringir el uso de ciertas aplicaciones instaladas.

Configurando el dispositivo para restringir el acceso al navegador Web y la instalación de nuevas aplicaciones, podeis conseguir filtrar la mayor parte de los accesos a contenido inapropiado.

El problema principal se da, cuando además de querer evitar el contenido inapropiado, queréis dar acceso a Internet a nuestros hijos. En ese caso, ni iPad ni los Tablets Android, permiten filtrar los contenidos a los que se acceden a través del navegador Web, y para ello tendréis que recurrir a herramientas externas.

  • Control parental por monitorización. Permite el acceso a todo tipo de contenidos, pero monitoriza el mismo, creando un registro que los padres podéis consultar posteriormente.

Otra alternativa es recurrir a las tradicionales aplicaciones Antivirus, que normalmente disponen de versión tanto para iPad como para Tablets Android. Estas aplicaciones suelen ser las más adecuadas para realizar tareas de monitorización, además de bloquear contenidos inapropiados. Algunas de estas aplicaciones recomendadas son “Kaspersky Parental Control”, “Norton Family”  o “AVG Family”.

Parece fácil pero ¿qué puedo hacer cuando mi hijo solo quiere la tablet?. Si sólo quiere la tablet, algo está pasando en cómo tu hijo está ocupando, sobre todo, su tiempo libre. Es recomendable que el su tiempo de ocio realice actividades que le gustan, variadas, que le diviertan, le relajen y corten con la rutina del día. El objetivo del ocio es simplemente pasarlo bien y disfrutar.

Pensemos…. ¿Cuánto tiempo es recomendable que esté con la tablet?. Sabiendo que cada niño es diferente y que no se ha demostrado que haya ningún dispositivo, aplicación, juego o programa que sea directamente perjudicial para la salud, la decisión está en tus manos y ha de ser acorde, como hemos indicado, con las características del niño así como con las normas y límites que tenéis en casa.

No se recomienda a los niños una exposición mayor de 2 horas a pantallas de cualquier dispositivo: 1 hora de tablet y 2 horas de televisión, son tres horas expuestos.tablet-ipad-cama-nino-apple

¿Qué síntomas deben llamar nuestra atención? Cada niño es único pero hay una serie de señales que, como mínimo, nos han de poner atentos y actuar cuanto antes, quizá con un simple cambio de hábitos:

  • Cuando llega el momento de apagar la tablet se pone nervioso o agresivo, o incluso llega a alargar ese momento para seguir jugando.
  • Tras estar con la tablet queda en un estado de ansiedad o nervios, pudiendo llegar a tener problemas de sueño.
  • Nada más levantarse o llegar a casa siempre quiere utilizar la tablet.
  • Si no utiliza la tablet no sabe que hacer, se aburre, no quiere hacer otra cosa, no le gusta nada, se queja.
  • Hay una verdadera rabieta o reacciones agresivas cuando no puede utilizar la tablet o tiene que apagarla.

¿Qué podemos hacer para facilitar un buen uso de la tablet?:

  • Que la utilicen siempre delante de un adulto, no solos en su habitación. Es importante que su habitación esté libre de tecnología, que sea un espacio de descanso y tranquilidad, concentración para el estudio, relax, etc.
  • Control parental sobre los contenidos que está manejando tu hijo,  para limitar el acceso a contenidos o programas, o la compra de aplicaciones.
  • No se trata de prohibir, sino de educar. Al igual que no prohibimos que nuestros hijos vayan a la calle o al parque, sino que los vamos educando en qué comportamientos pueden ser peligrosos (alejarse de los adultos, cruzar calles sin mirar si viene un coche) según la edad del hijo.
  • Establecer y negociar horarios/tiempos de uso de la tablet acordes a la edad y características del niño.
  • Que su uso no sea lo principal, sino una actividad o alternativa más en su tiempo de ocio.
  • No utilizar la tablet antes de dormir, ya que puede interferir en el ritmo de sueño. Sabemos que una actividad relajante antes de dormir (leer) incita a un sueño tranquilo y profundo.
  • Fomentar en los hijos un uso creativo de la tablet, no solo un uso pasivo en el que es el dispositivo el que domina al niño, en el que es simple expectador y receptor de imágenes.

Os invito a reflexionar……. ¿Cuánto tiempo pasáis delante de una pantalla (tablet, Smartphone, ordenador) delante de vuestros hijos? Los padres somos modelos para ellos, pensemos cómo estamos manejando nuestros  propios límites con el uso de los dispositivos. Prevengamos una relación insana con las nuevas tecnologías educando a nuestros hijos para que sean críticos con los contenidos que usan y ofrecen desde las tablet, que sean ellos quienes dominen el dispositivo y no al revés.

Si queréis ampliar más información os recomiendo visitar la página www.pantallasamigas.net, hay un apartado muy interesante de ayuda para padres y madres. También podéis consultar a “La niña de la tablet”, la primera línea de ayuda frente a los problemas de Internet; podrás consultar a un especialista que detectará si existe un problema, te asesorará cuál es la mejor forma de actuar y te ayudará a resolverlo.

Desmontando a @pgaguado

Pedro García Aguado, el exjugador español de waterpolo, medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, presentador de programas de coaching en televisión (Hermano mayor y Cazadores de trolls) y conferenciante es el protagonista del primer vídeo de la sección “Desmontando a” de mi videoblog.