Mika 2 y quién es Alberto

Y le hizo memoria.

Sin recoger los trozos de cristal del suelo y con la ropa interior enredada entre las sábanas Alberto la abrazó de nuevo, se puso sobre ella y la acarició por todas aquellas zonas nombrables e innombrables de la anatomía humana. Ella lo desnudó de nuevo mientras lo miraba con dulzura.

Desnudo 2Alberto no tenía un cuerpo diez, ni siquiera tenía un cuerpo ocho. Para nada se asemejaba al mito sexual del empresario de 50 sombras. Alberto tenía una pequeña empresa informática que todavía daba casi más costes que beneficios. No llegaba al metro ochenta, era castaño y con poco pelo. Usaba gafas para leer y tenía entre treinta y treinta y cinco. A pesar de eso le encantaba verlo desnudo y contarle los lunares.

Llevaba trabajando para él unos seis meses y desde el momento en que lo vio, desde el momento en que le sonrió por primera vez supo que quería tenerlo tan cerca de ella como lo tenía ahora mismo.

Él sin embargo no lo tenía fácil. Se encontraba en el tramo agonizante de una relación y algo dentro de él; algo moral, algo ético, algo quizá educacional le impedía traicionar aquel noviazgo que hasta hacía unos meses no había sido tan destructivo.
Ella esperó con paciencia y cada día que pasaba lo admiraba y deseaba con más intensidad. Hasta que lo consiguió. Hasta el día en que esa frustración se había acabado por fin y lo había empezado a tener para ella. Era suyo de noche y era con ella de día. Sin compromisos, sin fronteras, sin planes…y ahora… también sin tiempo.

Despierta Mika (empieza la historia)

Cuando Mika se despertó no pudo evitar sobresaltarse al ver que su despertador estaba en el suelo. La pantalla hecha añicos, los cristales esparcidos por el suelo de la habitación…algo había ocurrido, era evidente. Una pesadilla pensó. Sí, un manotazo que en sueños era probablemente dirigido a su ex, eso habría sido. De camino al trabajo compraría otro, pensó, cuando de pronto al girarse notó un pie junto al suyo. El sobresalto en esta ocasión fue mucho más intenso y provocó el despertar y el posterior bostezo de su compañero de cama. Ojos azules, pelo pobre pero duro , barba de 4 o 5 días…era Alberto.
-Joder, Alberto qué susto me has dado- y conforme terminaba la frase cogía su ropa interior y la utilizaba para darle un “latigazo” en el muslo. -¿No te ibas anoche?-
-Susto el que me has dado tú, vaya forma romántica de despertarme- Dijo mientras se incorporaba y se sentaba desnudo al borde de la cama.- Te tomaste una de tus pastillas para dormir y te quedaste K.O a los diez minutos, luego me vestí para irme pero no encontré las llaves y no te quería despertar.
-Joder. están en el cajón de la entrada- Con tono de evidencia.
-¿Y cómo coño quieres que lo sepa?-
-Tienes razón. si no me importa que te quedes, solo me he asustado. ¿Tú sabes como se ha roto el despertador?-
-¿En serio? No puede ser que no te acuerdes.-

Es mi primer dibujo con tableta, no seas cruel ^^
Es mi primer dibujo con tableta, no seas cruel ^^

-No recuerdo nada, apenas recuerdo nada de anoche.-
-No paso nada especial, lo de siempre…
-Lo de siempre es especial.- Dijo ella con tono falsa ñoñería.
-Bueno, si, ya me entiendes…Tonta.
-¿Cómo fue?-
-Nada del otro mundo, al quitarte el pantalón el diste un golpe y salió despedido. Me sorprende que no lo recuerdes porque nos estuvimos riendo un rato.-
-Son las pastillas, desde que las tomo tengo lagunas.-

-Pues deberías dejarlas, por el trabajo y eso especialmente.-
-Sólo me afectan las horas que estoy cansada.-
-Anoche no parecías tan cansada.-
-Bueno ya, no te pongas en modo jefe.
-Me jode que no te acuerdes.- Dijo mientras comenzaba a acariciar sus vértebras con los dedos.- Yo me esfuerzo mucho en que sea memorable.
-Me iré acordando a lo largo de la mañana-
-Si quieres te hago memoria…

Continuará

Descubriendo a Mika (intro 2)

Creo que acabo de reconciliarme con la vida. Se repite la sensación que hace un año me hacía tocar el cielo para que luego ella me dejase caer al vacío sin nada que amortiguase el golpe. No puedo seguir, mis manos se detienen al final de su espalda y mis ojos se vuelven a cerrar. Apoyo mi frente en su pecho. Coge mi cabeza entre sus manos y mirandome a los ojos dice -Podemos dejarlo aquí si no te sientes bien.- Le devuelvo la mirada y me enternecen sus palabras. -Gracias, necesito un momento.- Relájate, no hay ni prisa ni compromiso.- Trato de calmarme y dejar de pensar. ¿Cómo he llegado hasta aquí? No, no pienses, déjate llevar. No puedo evitar preguntarme qué ha visto en mi. Tengo que intentar dejar la mente en blanco.

Se levanta y se coloca detrás de mí. Ahora es ella quien me rasca la espalda hasta la nuca. Cuánto cariño hay en sus manos. Parece que mis constantes vitales empiezan a calmarse. Cojo sus manos con las mias y rodeo mi cuerpo con sus brazos. Noto su pecho caliente en la espalda y eso me reconforta. Ella recorre cada una de mis vertebras beso a beso y acompaña mi cuerpo hasta dejarlo horizontal. Se incorpora un poco sobre mí y me dice al oído -Quiero que ahora intentes pensar simplemente en mi mano.- Seguidamente la lleva hasta mi cintura para desabrochar el botón y la cremallera de mi pantalón. Cojo aire y al soltarlo se me escapa un leve gemido y cierro los ojos par concentrarme. Se hace hueco en la goma de mis calzoncillos y me agarra el pene sin pudor con toda la mano. Su boca sigue pegada a mi oído y conforme su respiración se acelera su mano la acompaña en el ritmo.

Me giro hacia ella para volver a besarla. Me encantan sus labios y me encanta ella. Me tiene enteramente desnudo. -Bésame más, por favor.- Le pido. -Todo lo que tú quieras.- Me responde. Desabrocho su pantalón y me incorporo para tirar de él. -Ya quedan menos capas.- le digo mientras le sonrío. -Voy a ponerme encima de ti ahora.- ¿No me quitas el resto?.- No, todo a su tiempo.-

Coloco mi cuerpo sobre el suyo, para disfrutar de su suavidad. Cojo mi pene y lo deslizo entre sus piernas, con la ropa interior como muro de contención del deseo. -Me vas a hacer sufrir.- dice mientras se muerde el labio. – No seas impaciente.- la miro fijamente a los ojos mientras la toco. Puedo notar con la yema de los dedos que la humedad atraviesa la poca tela que nos separa. La aparto un poco por un lado y exploro su vagina con el glande descubierto. ¡Qué placer tan discreto y tan grande al mismo tiempo! No puedo dejar de mirarla a la cara. Se estremece mordiendose una y otra vez los labios, respirando cada vez más deprisa, apretando los párpados…

Bajo por fin su ropa interior hasta sus rodillas, ella la empuja impulsiva con el pie, terminando de quitársela. Ya no hay nada que impida la fusión y hasta en lo más oculto de su cuerpo está sorprendentemente suave. -Ponte de lado.- le pido, y se gira de inmediato. Me coloco detrás de ella y guiando de nuevo el pene con la mano lo introduzco en su vagina. El calor y la humedad son demasiado excitantes. Pongo la palma de mi mano izquierda sobre su pecho para masajearlo mientras penetro despacio, una vez, y otra…y otra…y otra…

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