El caso Fritz Bauer

Por José Luis Escobar

En 1957, el Fiscal General Alemán, el judío Fritz Bauer, comete un delito de alta traición para hacer posible la detención de Otto Adolf Eichmann, el teniente coronel de las SS que organizó el asesinato de 11 millones de personas, entre judíos, gitanos y otros grupos étnicos o ideológicos.

La película plantea la encrucijada alemana tras la guerra mundial: o siguen con el régimen partidocrático que alzó a Hitler, sin separación de poderes ni representación, o elaboran una constitución que consagre esos principios. Eligieron continuar con el régimen anterior con un lavado de cara que limpiara las manifestaciones expresamente nazis.

Para posibilitar una ruptura con el régimen nazi, era preciso que el pueblo alemán afrontara lo ocurrido durante el nazismo y asumiera la responsabilidad moral -terrible- de haber apoyado a Hitler. La inoculación de esa vacuna imposibilitaría la tolerancia con el fascismo durante muchas generaciones.

Pero el pueblo alemán eligió no afrontar su pasado, no romper con él. Todo el entramado político alemán en los años 50 y 60 estaba formado por cuadros políticos y militares nazis, que protegían sus propios intereses con la ley y con la burocracia. Éste es el motivo por el cual el Fiscal General Fritz Bauer tuvo que cometer el delito de alta traición para posibilitar la detención de Eichmann. Dicho de otro modo: En Alemania de principios de los 60, el que quería perseguir a los nazis, debería traicionar al Estado que los defendía y la sociedad que los encumbraba en las grandes empresas y puestos políticos. Todo ello a ciencia y paciencia de Adenauer y su gobierno que fingían perseguir aquél sistema.

Exactamente lo mismo cabe decir del pueblo italiano y del pueblo español. Tampoco quisieron afrontar su pasado y reconocer el apoyo dado por sus pueblos a los regímenes fascistas.

De un modo magnífico, la película dirigida por Lars Kraume, describe de modo conciso y explícito el problema de un pueblo que no afronta un truculento pasado político, ni se atreve a romper con él. Relata cómo solo la alta traición del Fiscal General del Estado Alemán, posibilitó la detención de Adolf Eichmann el día 20 de mayo de 1960. El film es una crítica terrible al régimen actual y al pueblo alemán.

Pasados 71 años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Alemania ha premiado con 9 nominaciones y el premio nacional de cine a esta fantástica película. Algo se está moviendo ahora en la conciencia del pueblo alemán.

Franco, en el caso español, apenas tuvo oposición durante 40 años. Una vez fallecido, el pueblo español, no quiso afrontar su pasado ni romper con él. Fue Franco quien designó a su sucesor y el título que debía ostentar: Juan Carlos de Borbón y el título elegido fue el de Rey. Fue éste sucesor el que designó al jefe de la Falange, el Secretario General del Movimeinto Nacional (Adolfo Suarez) como Presidente del Gobierno.

De modo similar al descrito en “El caso Fritz Bauer” el pueblo español incorporó el franquismo en su régimen político ya que estaba enraizado en el cuerpo social en el régimen actual y vuelve a ser cómplice, como el pueblo alemán de un régimen corrupto, del que solo se puede salir deslegitimándolo con la abstención primero y abriendo un proceso constituyente después, para aprobar una constitución con representación y separación de poderes.

Hay detalles exquisitos en la película: Fritz Bauer se fija en una fotografía de Rosa Luxemburgo adornando las paredes de un ministerio. Tras la negativa de Alemania a extraditar a Eichmann para ser juzgado, la foto es cambiada por una copia del cuadro de Poussin que refleja a la viuda de Foción recogiendo las cenizas de su marido tras ser ejecutado..

Establece un paralelismo entre la íntegra luchadora socialista alemana Rosa de Luxemburgo y Foción el discípulo de Platón, que destacó por su integridad moral y por ser el hombre que más veces fue elegido (45) como tetrarca, jefe militar de Atenas. Rosa Luxemburgo fue asesinada por sus rivales políticos, los socialdemócratas de Friedrich Ebert. Foción fue acusado injustamente y condenado a muerte por su rival político, el demagogo Hagnónides. El cuerpo de aquella fue lanzado al Landwehr Canal de Berlín. El cuerpo de Foción, hubo de ser sacado de Atenas e incinerado en Megara por decreto de sus rivales políticos.

El cuadro que sustituye a la fotografía de Rosa Luxemburgo en la película, describe el momento en que la viuda de Foción (humilde, pequeñita y mimetizada con la belleza del paisaje) recoge sus huesos, tras lo cual, según relata Plutarco, los depósito en un hoyo junto al hogar diciendo: “En ti, mi amado hogar, deposito estos despojos de un hombre justo, y tú lo restituirás al sepulcro paterno cuando los atenienses hayan vuelto a la cordura”.

No es mal epitafio para Rosa Luxemburgo, cuya memoria es así despreciada varios lustros después de la muerte de Hitler, ni para Foción, ni para aquellos que defienden su patria contra la locura de su propio pueblo.

Solo han pasado 41 años desde la muerte de Franco. Quizás sea preciso esperar otros 30, como Alemania, para premiar una película que critique el apoyo que el pueblo español brindó a Franco y sea además nominada a 9 Goyas y premiada como la mejor película.

Jose Luis Escobar.

Si quiere leer la Vida de Foción de Plutarco puede hacerlo aquí: http://www.dominiopublico.gov.br/download/texto/bk000481.pdf

Film d´art: ¿evolución o estancamiento del cine?

Por Joaquín Juan

El film d’art corresponde a una etapa muy determinada en los orígenes del cine, y, si bien no supone ningún avance desde el punto de vista del lenguaje cinematográfico, sí sirvió, en cierto modo, para conectar el cine con el teatro y buscar nuevos públicos. En 1907, el cine ya se había convertido en una auténtica industria en Francia, pero había llegado a un agotamiento de fórmulas y, sobre todo, de público. El cine seguía siendo prácticamente un espectáculo de barraca de feria destinado a las clases populares, mientras que la burguesía y las clases altas lo contemplaban, acaso con curiosidad, pero con una actitud de desprecio. Una de las causas de ese desprecio era precisamente la duración de las películas, demasiado breves.

En este caldo de cultivo apareció una nueva sociedad cinematográfica, creada por los hermanos Lafitte en 1908, que se llamaba Film d’Art y a cuyo frente habían puesto a dos hombres provenientes del teatro: André Calmettes y Charles Le Bargy. A pesar de las similitudes que pudiera haber entre el cine y el teatro, la verdad es que no había habido ningún tipo de permeabilidad entre ambas artes hasta este momento. En principio, esta nueva compañía iba a llevar al cine piezas teatrales, y para ello contrataron a dramaturgos y a actores procedentes del teatro. También emplearon a escenógrafos y a músicos. Lo más interesante del Film d’Art es que se decantó por temas exclusivamente literarios. De lo que se trataba, a fin de cuentas, era de atraer a un público burgués que, hasta este momento, no había acudido masivamente al cine, entre otras cosas, por los ambientes en los que se exhibían las películas. Uno de los mayores logros del Film d’Art fue precisamente ampliar la duración de las películas hasta más de dos horas de metraje y realizar las primeras superproducciones del cine.

El éxito de El asesinato del Duque de Guisa (1908), de André Calmettes y Charles Le Bargy, una de las obras inaugurales del Film d’Art, logró que la fórmula se exportara a otros países, e incluso Gaumont, una de las grandes productoras francesas, creó una división llamada Le Film Esthétique. La actriz más famosa de este tipo de cine fue Sara Bernhardt, que procedía del mundo del teatro. Ese fue precisamente el principal mérito del Film d’Art, estrechar las relaciones entre el cine y el teatro, por un lado, y aportar un buen nivel actoral al cine, por otro, si bien los actores y actrices debieron acomodarse y adaptarse a las exigencias del nuevo medio.

El Film d’Art, sin embargo, no proponía ninguna mejora técnica y se había despreocupado por entero de la sintaxis del lenguaje cinematográfico. Era poco más que teatro filmado, dado que la cámara permanecía inmóvil frente a una escenografía típicamente teatral, con lo que la fórmula se agotó tempranamente, hacia 1912. De todas maneras, el Film d’Art había servido para subrayar dos constantes que, a partir de entonces, no iban a abandonar al cine: sus relaciones amor/odio con la literatura y la importancia de los actores, convertidos ya en estrellas, algo que, en cierto modo, anunciaba lo que luego sería el star‑system.

 

Un Óscar para Morricone

Hoy inauguramos la sección Ruinas de Babilonia, en la que aprenderemos muchísimo de cine de la mano de Joaquín Juan.

Joaquín Juan
Por Joaquín Juan

En la pasada edición de los Óscar, el compositor italiano Ennio Morricone (Roma, 1928) se alzó con la estatuilla dedicada a Mejor Banda Sonora gracias a su partitura de Los odiosos ocho (The Hateful Eight, Quentin Tarantino, 2015), que se impuso a las compuestas por Carter Burwell (Carol), Jóhann Jóhannsson (Sicario), John Williams (Star Wars. Episodio VII. El despertar de la fuerza) y Thomas Newman (El puente de los espías). No se trataba, en realidad, de su primer Óscar, pues ya le habían concedido uno honorífico a toda su carrera en 2007, pero sí el primero que lograba en competición.

enniomorricone_incontri_con_il_maestro_5_marzoNo deja de ser soprendente que Morricone, uno de los grandes compositores de la historia del séptimo arte, autor de más de quinientas bandas sonoras, no hubiera ganado hasta ahora un Óscar competitivo. Había obtenido, eso sí, casi todos los premios importantes de la industria, tanto en Europa como en Estados Unidos (tres Globos de Oro, seis BAFTA, diez de David de Donatello, dos Premios del Cine Europeo…), pero el Óscar se le había resistido, a pesar de haber estado nominado previamente hasta en cinco ocasiones, por Días del cielo (Days of Heaven, Terrence Malick, 1978), La misión (The Mission, Roland Josfé, 1986), Los intocables de Eliot Ness (The Untouchables, Brian De Palma, 1987), Bugsy (Barry Levinson, 1991) y Malena (Giuseppe Tornatore, 2000).

Hay también otro dato interesante referido a la banda sonora de Los odiosos ocho: se trata del primer western de Morricone después de cuarenta años. Y es que, no en vano, Morricone se hizo mundialmente famoso gracias a las bandas sonoras de los westerns de Sergio Leone: Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964), La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più, 1965), El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966), Hasta que llegó su hora (C’era una volta il West, 1968) y ¡Agáchate, maldito! (Giù la testa, 1971). Además, para ese mismo director compuso una joya como Érase una vez en América (Once Upon a Time in America, 1984), de la que se puede afirmar que es una de las grandes bandas sonoras de la historia del cine.

Aunque Morricone ha trabajado para muchísimos directores a lo largo de sus casi sesentala-mision años de carrera (Bernardo Bertolucci, Pier Paolo Pasolini, Gillo Pontecorvo, Sergio Sollima, Sergio Corbucci, Liliana Cavani, Don Siegel, John Carpenter, Richard Fleischer, Pedro Almodóvar, Margarethe von Trotta, Wolfgang Petersen, Mike Nichols, Oliver Stone, Adrian Lyne, Warren Beatty, Miguel Hermoso…), con quienes ha formado un tándem creativo casi insuperable ha sido con Sergio Leone y con Giuseppe Tornatore. Del director romano ya hemos hablado, pero para el director siciliano ha compuesto, hasta la fecha, muchas bandas sonoras, si bien la primera fue una gran declaración de amor al cine, Cinema Paradiso (Nuovo Cinema Paradiso, 1988), a la que siguieron, entre otras, las partituras de La leyenda del pianista en el océano (La leggenda del pianista sull’oceano, 1998), Malena (2000), Baaria (2009) y La mejor oferta (La migliore offerta, 2013).

Hasta cierto punto, supone un acto de justicia poética que haya sido Quentin Tarantino (gran admirador de Leone, pero también de Morricone, a quien homenajeaba de manera explícita en Malditos bastardos) quien haya conseguido un Óscar para Morricone. De todas maneras, con o sin estatuilla, Ennio Morricone es, desde hace muchos años, uno de esos nombres imprescindibles en la historia del cine, pues nos ha enseñado a amarlo con su música, que ya forma parte indeleble de nuestra memoria sentimental.Un Oscar