22 Ángeles

Quizá en los últimos meses, por circunstancias, me he vuelto más crítica. No sé si es mi culpa -que tengo ahora una mala perspectiva- o son los hechos -y estáis de acuerdo conmigo-, pero os voy a comentar lo que pienso de lo que se emitió ayer en TVE (y siempre tenéis la sección de comentarios para hacer réplicas y contrarréplicas).

Ayer, tras varios meses anunciando su estreno, la cadena nacional emitió por primera vez la película 22 Ángeles que, si no recuerdo mal, en un principio se había presentado como una serie de alta producción (y se ha quedado en un TV movie de sábado para hacer la siesta).

Nos encontramos anoche, a pesar de la expectativas,  ante una película con errores de script constantes, con un guión  totalmente aséptico lleno de incoherencias, una trama forzada y unos personajes históricos que nada tenían que ver con su historia.

Es fundamental dar a conocer a los médicos españoles que llevaron la vacuna de la viruela a ultramar, a los héroes que lograron que la viruela fuese la primera enfermedad erradicada en el mundo, a los creadores del sistema actual de vacunación. Pero la realidad es suficientemente buena y está bastante documentada como para que con dinero público se haga un panfleto amoroso y se destroce la historia.
Tengo la suerte de conocer los detalles de la vida de Isabel Zendal, no de Cendala, que se pasan por alto -o directamente se falsean- en esta película. Salvany fue un médico tísico con graves problemas que hicieron todavía más heróica su hazaña de salvar el mundo, no un playboy que consiguió su puesto a través de la picaresca. De Balmis existen evidencias para pensar que podía ser un caso de Asperger, que no hubiera formado parte nunca de determinadas escenas ni tramas de este film.

Muchos dirán que es una película, que ahí está la libertad del creador, del contador de historias, que la ficción es un milagro que nos ayuda a colorear la realidad y por supuesto, que esta historia está basada en una novela y no en los hechos reales. Bien, estoy de acuerdo, nada que discutir ante ese argumento salvo un matiz personal: ya que gastamos una barbaridad de dinero público en hacer una película sobre nuestros héroes, dignifiquemos y respetemos sus hazañas, no le quitemos a la gente las ganas de seguir conociendo su propia historia.

 

 

Film d´art: ¿evolución o estancamiento del cine?

Por Joaquín Juan

El film d’art corresponde a una etapa muy determinada en los orígenes del cine, y, si bien no supone ningún avance desde el punto de vista del lenguaje cinematográfico, sí sirvió, en cierto modo, para conectar el cine con el teatro y buscar nuevos públicos. En 1907, el cine ya se había convertido en una auténtica industria en Francia, pero había llegado a un agotamiento de fórmulas y, sobre todo, de público. El cine seguía siendo prácticamente un espectáculo de barraca de feria destinado a las clases populares, mientras que la burguesía y las clases altas lo contemplaban, acaso con curiosidad, pero con una actitud de desprecio. Una de las causas de ese desprecio era precisamente la duración de las películas, demasiado breves.

En este caldo de cultivo apareció una nueva sociedad cinematográfica, creada por los hermanos Lafitte en 1908, que se llamaba Film d’Art y a cuyo frente habían puesto a dos hombres provenientes del teatro: André Calmettes y Charles Le Bargy. A pesar de las similitudes que pudiera haber entre el cine y el teatro, la verdad es que no había habido ningún tipo de permeabilidad entre ambas artes hasta este momento. En principio, esta nueva compañía iba a llevar al cine piezas teatrales, y para ello contrataron a dramaturgos y a actores procedentes del teatro. También emplearon a escenógrafos y a músicos. Lo más interesante del Film d’Art es que se decantó por temas exclusivamente literarios. De lo que se trataba, a fin de cuentas, era de atraer a un público burgués que, hasta este momento, no había acudido masivamente al cine, entre otras cosas, por los ambientes en los que se exhibían las películas. Uno de los mayores logros del Film d’Art fue precisamente ampliar la duración de las películas hasta más de dos horas de metraje y realizar las primeras superproducciones del cine.

El éxito de El asesinato del Duque de Guisa (1908), de André Calmettes y Charles Le Bargy, una de las obras inaugurales del Film d’Art, logró que la fórmula se exportara a otros países, e incluso Gaumont, una de las grandes productoras francesas, creó una división llamada Le Film Esthétique. La actriz más famosa de este tipo de cine fue Sara Bernhardt, que procedía del mundo del teatro. Ese fue precisamente el principal mérito del Film d’Art, estrechar las relaciones entre el cine y el teatro, por un lado, y aportar un buen nivel actoral al cine, por otro, si bien los actores y actrices debieron acomodarse y adaptarse a las exigencias del nuevo medio.

El Film d’Art, sin embargo, no proponía ninguna mejora técnica y se había despreocupado por entero de la sintaxis del lenguaje cinematográfico. Era poco más que teatro filmado, dado que la cámara permanecía inmóvil frente a una escenografía típicamente teatral, con lo que la fórmula se agotó tempranamente, hacia 1912. De todas maneras, el Film d’Art había servido para subrayar dos constantes que, a partir de entonces, no iban a abandonar al cine: sus relaciones amor/odio con la literatura y la importancia de los actores, convertidos ya en estrellas, algo que, en cierto modo, anunciaba lo que luego sería el star‑system.

 

Un Óscar para Morricone

Hoy inauguramos la sección Ruinas de Babilonia, en la que aprenderemos muchísimo de cine de la mano de Joaquín Juan.

Joaquín Juan
Por Joaquín Juan

En la pasada edición de los Óscar, el compositor italiano Ennio Morricone (Roma, 1928) se alzó con la estatuilla dedicada a Mejor Banda Sonora gracias a su partitura de Los odiosos ocho (The Hateful Eight, Quentin Tarantino, 2015), que se impuso a las compuestas por Carter Burwell (Carol), Jóhann Jóhannsson (Sicario), John Williams (Star Wars. Episodio VII. El despertar de la fuerza) y Thomas Newman (El puente de los espías). No se trataba, en realidad, de su primer Óscar, pues ya le habían concedido uno honorífico a toda su carrera en 2007, pero sí el primero que lograba en competición.

enniomorricone_incontri_con_il_maestro_5_marzoNo deja de ser soprendente que Morricone, uno de los grandes compositores de la historia del séptimo arte, autor de más de quinientas bandas sonoras, no hubiera ganado hasta ahora un Óscar competitivo. Había obtenido, eso sí, casi todos los premios importantes de la industria, tanto en Europa como en Estados Unidos (tres Globos de Oro, seis BAFTA, diez de David de Donatello, dos Premios del Cine Europeo…), pero el Óscar se le había resistido, a pesar de haber estado nominado previamente hasta en cinco ocasiones, por Días del cielo (Days of Heaven, Terrence Malick, 1978), La misión (The Mission, Roland Josfé, 1986), Los intocables de Eliot Ness (The Untouchables, Brian De Palma, 1987), Bugsy (Barry Levinson, 1991) y Malena (Giuseppe Tornatore, 2000).

Hay también otro dato interesante referido a la banda sonora de Los odiosos ocho: se trata del primer western de Morricone después de cuarenta años. Y es que, no en vano, Morricone se hizo mundialmente famoso gracias a las bandas sonoras de los westerns de Sergio Leone: Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964), La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più, 1965), El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966), Hasta que llegó su hora (C’era una volta il West, 1968) y ¡Agáchate, maldito! (Giù la testa, 1971). Además, para ese mismo director compuso una joya como Érase una vez en América (Once Upon a Time in America, 1984), de la que se puede afirmar que es una de las grandes bandas sonoras de la historia del cine.

Aunque Morricone ha trabajado para muchísimos directores a lo largo de sus casi sesentala-mision años de carrera (Bernardo Bertolucci, Pier Paolo Pasolini, Gillo Pontecorvo, Sergio Sollima, Sergio Corbucci, Liliana Cavani, Don Siegel, John Carpenter, Richard Fleischer, Pedro Almodóvar, Margarethe von Trotta, Wolfgang Petersen, Mike Nichols, Oliver Stone, Adrian Lyne, Warren Beatty, Miguel Hermoso…), con quienes ha formado un tándem creativo casi insuperable ha sido con Sergio Leone y con Giuseppe Tornatore. Del director romano ya hemos hablado, pero para el director siciliano ha compuesto, hasta la fecha, muchas bandas sonoras, si bien la primera fue una gran declaración de amor al cine, Cinema Paradiso (Nuovo Cinema Paradiso, 1988), a la que siguieron, entre otras, las partituras de La leyenda del pianista en el océano (La leggenda del pianista sull’oceano, 1998), Malena (2000), Baaria (2009) y La mejor oferta (La migliore offerta, 2013).

Hasta cierto punto, supone un acto de justicia poética que haya sido Quentin Tarantino (gran admirador de Leone, pero también de Morricone, a quien homenajeaba de manera explícita en Malditos bastardos) quien haya conseguido un Óscar para Morricone. De todas maneras, con o sin estatuilla, Ennio Morricone es, desde hace muchos años, uno de esos nombres imprescindibles en la historia del cine, pues nos ha enseñado a amarlo con su música, que ya forma parte indeleble de nuestra memoria sentimental.Un Oscar