#LNQMQMiedo

lnqmqmiedo

Como sabéis, cada semana tratamos una emoción en La Noche Que Me Quieras y esta semana toca el miedo. ¿Qué es el miedo? ¿Por qué se produce? ¿Por qué a veces tenemos miedo a cosas que son inofensivas? ¿Cómo podemos poner solución a eso? Para responder a todas estas preguntas tendremos al psicólogo Valentín Peláez con nosotros en el programa. Valentín es psicólogo especialista en salud y trabaja en el Centro Impulsa T de terapia integral. Si queréis que respondamos a alguna pregunta relacionada con el miedo durante el programa podéis dejar un comentario en este mismo post. También podéis utilizar el en twitter el hashtag #lnqmqMiedo para lanzar preguntas o comentar el programa durante la emisión.09

 

Relato erótico #lnqmqSexo

Supongo que recodaréis el texto del segundo programa, en el que contábamos la parte erótica de una historia. A petición de algunos oyentes dejo aquí el texto con permiso del autor.

El sueño de Whitman, de José Luis Ferris

Final del Capítulo 12

9788496824584No he podido recordar quién de los dos entornó antes los ojos y quién aproximó los labios: al principio fue un roce apenas perceptible, un tanteo tibio y tenue, luego el jadeo de su boca bajo la mía me pareció una llamada hacia la salvación o hacia la perdición más hermosa. Fue el beso más dulce de mi vida; un beso profundamente nuevo que se intensificaba con el perfume de su piel, con la inusitada suavidad de su nuca y de su espalda al acercarlas hacia mí y recorrer con mis manos el dorso de aquel cuello firme y desnudo. Refugiado intermitentemente en su boca, mi mano izquierda había empezado a buscar debajo de su bata con delicadeza, con absoluta cautela. El escote se abría al ritmo ondulante de su respiración y desenmascaraba poco a poco la gravidez de unos pechos perfilados y grandes. Julia me estaba sorprendiendo hasta extremos de delirio, no por lo insólito de aquella situación probablemente deseada pero jamás prevista, tampoco por el comportamiento que ambos habíamos decidido emprender, sino por esa otra Julia que estaba descubriendo y que se mantenía secreta para mí, esa mujer mucho más deseable de lo que ella misma se hubiera permitido imaginar y que costaba advertir viéndola vestida, en situaciones cotidianas, bajo la sobriedad de una falda de tubo o de sus trajes de chaqueta.

Escondido de todo, a salvo del mundo, acomodado de costado al abrazo de Julia, a sus labios rotundamente dulces, escuchaba sus latidos y, más allá, algún susurro limpio y secreto. «No te muevas», me insinuaba al oído mientras se volvía a deslizar para ponerse en pie, para trasformar la luz del salón en una leve penumbra y desaparecer por el pasillo, «espérame», en dirección al baño. El tiempo se detuvo como un sueño hasta su vuelta, hasta su regreso oliendo a jabón, a perfume, a secreta higiene femenina. Iba a abrazarme a su cintura, a la plenitud física de su cuerpo semioculto bajo la ropa, suave y espléndido, demasiado terso para su edad, para una madurez sin hijos y una existencia apaciguada, limpia de besos, de fiebre, de caricias… «No te muevas», volvió a decirme mientras sus manos, con habilidad y con sosiego, me abrían poco a poco la camisa. Se había tendido frente a mí, arrodillada como una esclava generosa y amiga para quitarme los zapatos, los calcetines luego, los pantalones, jugando después con el roce de sus dedos, de sus yemas en mis pies, en mis rodillas heladas, aclimatándome a su misma lentitud, a la limpia paciencia de su piel.

Despojado de una vida sin ella, a salvo del vacío, calculando las caricias anticipadamente, me parecía imposible que Julia estuviera allí, a mi lado, alzándose ahora con toda la magnitud de su belleza oculta, secreta, desnudándose ante mí sin evitar del todo el pudor, dejando caer al suelo la bata que la envolvía con una escurridiza sugestión de seda y gravedad.

Casi sin darme cuenta, amparada en la penumbra, Julia me tomó de la manó y me condujo hacia su dormitorio. Era todo tan irreal como inminente. Echado sobre la cama, la contemplé de nuevo llena de esplendor, sus caderas anchas y firmes, su gesto último de vergüenza o de decoro tapándose los pechos con los brazos cruzados antes de recostarse junto a mí, de besarnos otra vez, de estrecharnos en una oleada de deseo y de necesidad. Y cada roce de sus dedos, cada fricción de mis labios, era una huida de todo lo anterior, una renuncia al miedo, al pasado, a la pura adversidad, a la culpa de haber vivido a ciegas, abdicando una y otra vez del amor a uno mismo, como ella, como Julia, cobijada ahora en mí, dejándose envolver por mis brazos, desnuda y suave ante mis ojos.

Tenía el presentimiento de que de un momento a otro se rompería el hechizo. Era tanta la felicidad, las sensaciones, la dulzura y el calor que emanaba de su cuerpo, tanta la gratitud, el placer… que logré despojarme de la vida exterior y me dejé arrebatar por los sentidos. La leve presión de su boca, el roce de su vientre empujando hacia el mío con una cadencia continua, el rubor de su cara o la fiebre candente de sus muslos eran parte del prodigio, de la magia y de la noche.

Antes de que volviera a temblar, Julia se apretó contra mí y echó encima de los dos la sábana y la colcha. Me hablaba en voz muy baja, «No pares de abrazarme», mientras sus pies, inquietos y fríos, se enredaban en mis pies; mientras las manos, más audaces que antes, tanteaban sobre la piel, dibujaban, sinuosas, un círculo en mis ingles.

–Ten paciencia conmigo –musitó–. Perdona mi torpeza.

Ni siquiera respondí. La estreché con más fuerza y busqué de nuevo sus labios. Desnudo entre unas sábanas con olor a colada y a deseo, estremecido por una mujer tendida a mi lado, por el ser que apaciguaba y conmovía mi vida al mismo tiempo, empecé a reconocer que aquél era el momento más intenso y sensible de cuantos había podido experimentar en puntuales momentos de mi breve y precaria historia amorosa. Con Julia no había urgencia ni precipitación, sino cautela y asombro, deseo sometido a la sorpresa, a sus reacciones sin cálculo, a sus ojos entornados por un placer no vivido hasta entonces. La sentía en su tierna oscilación acomodarse sobre mí, atrapando mis caderas, mi cintura entre sus muslos, aproximarse despacio hacia mi rostro buscándome el oído, mordiéndome el lóbulo con levedad, con la dosis justa de deseo y turbación, de arrebato y de delicia mientras sus pechos, crecidos y ardientes, mostraban su opulencia entre las sombras, se aplastaban sinuosos sobre mí, temblaban ateridos como peces de nieve. Y luego la misma y exacta sacudida de delirio, de dulzura, la extenuación, el desvanecimiento y la ebriedad de un gozo que acaba como un pálpito, continuo y suave, que se niega a extinguirse tras la última oleada que nos dejó tendidos el uno junto al otro, quietos los dos, escuchando únicamente el tenue murmullo de las respiraciones.

–Pídeme que olvide esta locura.

–Es lo más dulce que me ha pasado jamás –le contesté sin apenas girarme, apretando su mano, sintiendo que una desbordante ternura hacia ella me invadía.

–Pídeme que lo olvide, Claudio, pídemelo.

Patricia Hidalgo en #LNQMQ

En el programa de esta semana el tema que hemos tratado ha sido “el sexo” y la sexóloga Patricia Hidalgo nos deja buenos apuntes:

“Los problemas más frecuentes en parejas son los de comunicación”

“Si te cuesta llegar al orgasmo lo primero que tienes que descartar es que sea un problema físico. Si la causa no es física habría que hacer una intervención psicológica, empezando por valorar problemas de estrés y ansiedad y las creencias del paciente sobre el sexo”.

“La dispaurenia (dolor durante la relación sexual) se puede deber a:

-cambios hormonales, que dificulten la lubricación.
-A problemas de comunicación: si no estás suficientemente excitada y tu pareja quiere iniciar la penetración debes evitarlo y decirle que todavía no es posible.
-A problemas que “.

“Cada uno es responsable de su propio orgasmo, es egoísta pensar que es culpa de la pareja”.

“Los gustos sexuales se pueden desarrollar en funcion a a las experiencias que vayas teniendo. si has tenido una experiencia dolorosa con un pene grande es posible que de ahí en adelante los evites. El tamaño importa en función a eso”

“Si no las has probado ¿Cómo sabes que sexualmente no te gustan otras cosas?”

“La palabra normal en la cama es relativa. Lo normal es lo que consensúa la pareja y cada pareja verá normal una cosa”.

“Si algo te repele o no te gusta en la cama, antes de complacer a tu pareja está tu integridad”

“Siempre habrá algo en pareja que no hayas probado”.

“Puedes innovar fuera de la cama para mejorar la relación con tu pareja en la cama”

“Si crees que ya has probado todo lo que querías probar en la cama intenta cambiar la emoción asociada a esa actividad en lugar de la actividad en sí misma. Por ejemplo vuelve a probarlo con alguien más fogoso, con alguien de quien estés enamorado…”

“Ahora tenemos mucha más cantidad de relaciones sexuales pero mucha menos calidad”

“A partir de los 30 hay un cambio en la sexualidad de la mujer debido a la seguridad en sí misma que le proporciona la experiencia”

“A pesar de la liberación y de la popularización del desnudo en televisión se están detectando muchos más problemas de celos y de posesión de la intimidad en los adolescentes”

“Seguimos convirtiendo a la mujer en un objeto sexual a través de la televisión”.