Lo bueno de la experiencia

Me voy haciendo un poco mayor, y sé que más de uno y mas de cien me pegarían por esta frase, pero me da igual. Yo siento vértigo cuando voy aun cumpleaños de mis amigos y miro las velas (el mío es de los últimos)El más inteligente es el que dejó de sumar y lleva 13 años cumpliendo 21 años. No solo se anima él con su negación de la realidad, nos anima a todos.

El caso es que cumplir años lleva sus cosas buenas y sus cosas malas. Las malas las conocemos todos y ademas no me apetece deprimirme…que ya llevo unos días delicaditos. De las buenas, la mejor, para mí, si duda es la experiencia. Me acuerdo cuando empezaba a pasar consulta y nadie me conocía. A todo el mundo le tenía que explicar a qué me dedicaba y luego en qué consistía aquello a lo que me dedicaba. Hoy por hoy tengo la suerte de que no sea así.
Esta mañana me ha llamado una mujer con un acento que no ubicaba yo exactamente en el lugar pero que tiraba hacia el sur. Lo curioso es que había oído hablar de mí en Castellón. Me decía que le había dado mi teléfono allí, un chico de una fábrica y que aunque tuviera que viajar para llegar hasta mí me pidiera consulta porque le daría la solución a su problema. El caso es que la mujer no venía de Castellón, me llamaba desde Murcia para preguntarme cuándo podía darle cita (y por supuesto la veré la próxima semana).
Pero no deja de sorprenderme hasta donde puede llegar el trabajo que haces desde una pequeña consulta en el centro de Alicante. Y le mando las gracias y un abrazo a aquel chico que le dio mi teléfono desde Castellón. Ahora no recuerdo desde qué lugar ha venido cada uno de mis pacientes pero seguro que él no es uno de los que van diciendo por ahí que los psicólogos no sirven para nada.

TerapiaDibujo

¿Y si no pasa nada? (#cajas terapéuticas)

Me sale de nuevo la vena de psicóloga y la verdad es que estoy harta de que algunas situaciones no se afronten por las posibles consecuencias. Posibles no significa seguras y en muchos casos la gente se plantea cosas que son casi improbables, sin embargo les impide igualmente afrontar determinadas situaciones.

Demasiadas son las personas que conocemos que viven constantemente preocupadas por todo lo que les pasa o, lo que es peor, por lo que en algún caso les podría pasar. Viven con una tendencia constante a la previsión de una amenaza que muy posiblemente no se cumplirá nunca. Hablo de la gente del famoso “y si…” Personas que entran en un estado de preocupación permanente, de una rutina que aniquila su felicidad y que son incapaces de dominar. Personas que entran en un estado de ansiedad que los sumerge en una dinámica en la que la atención es absorbida sin piedad y el intelecto es entorpecido hasta lograr el fracaso en cualquier tarea que tenga un mínimo de complejidad.

Sin embargo, saber controlar esa ansiedad y utilizarla de forma anticipatoria puede servir como elemento motivador que lleve al éxito. Conseguir equilibrar la activación que supone la ansiedad con el pensamiento resolutivo y un estado de ánimo positivo lleva a un estado ligeramente eufórico ideal para profesiones creativas. Por el contrario, la frustración que conlleva la falta de este equilibrio del que hablo conduce a lo opuesto, pudiendo sumergir al creativo en un trastorno maníaco depresivo en el que las ideas fluyen descontroladamente, las preocupaciones inundan el cerebro con la rumiación y la atención es incapaz de focalizarse en nada.

¿Qué solución podemos dar a este problema? Resulta sorprendente cómo un simple cambio en el estado de ánimo puede facilitar la visión clara de soluciones. El pensamiento positivo puede desencadenarse desde una simple sonrisa, y eso puede facilitar el equilibrio del que hablaba antes. Por tanto, no sería descabellado que ante una preocupación que nos bloquea le pidiéramos a alguien que nos contara un chiste.