Pez mago (y yo)

A veces, y sorprendentemente para muchos, los cuentos tienen un principio feliz.

Me disponía a viajar a Madrid cuando la página de RENFE – pese mi mal pronóstico-  me empezó a negar un billete asequible. “Vete en blabla Car” me decían algunos insensatos, “es muy recomendable” decían. Y yo, que soy una ingenua, y me fío de todo aquel que diga quererme bien, me descargué la aplicación y me dispuse a buscar un compañero de viaje. Lo que estaba por acontecer jamás lo hubiera previsto, y es que mi compañero era un lector nato. ¡Aleluya, pensé! cuatro horas de viaje en las que al menos podremos dialogar. Así fue, durante todo el viaje estuvimos hablando de novela negra, de poesía… hasta que finalmente confesó, -porque en esta vida todo lo bueno tiene truco-: “Yo soy cantautor” me dijo. “¿Perdona? ¿Cantautor de que te subes a un escenario y tienes discos publicados?” “Si, tengo seis discos y dos libros: uno de poesía y uno de viajes, pero no firmo con mi nombre, firmo como Pez Mago” Y así se empezó a cuajar una bonita amistad. Fin.
No, no, es broma, en realidad este post lo he creado para hablar de mi amigo Lucas y su fin de semana en Alicante, así que voy a empezar.

El jueves por la noche, tras mi sesión casi diaria de cerveceo en El Refugio me dirigí a la sala Ocho y medio. Allí, por 8 euros me permitían disfrutar de un concierto íntimo con el que ya se había convertido en mi calvautor favorito y no había margen para la duda, a las 21.45h yo estaba ya ocupando mi localidad. La cosa fue bien, genial. El repertorio melancólico que Lucas había elegido combinó a la perfección con mi estado de aletargamiento transitorio. Porque las historias de Lucas y el amor o de Lucas y sus viajes, en perfecta armonía con sus letras y su sentido del humor, consiguieron sacarme por un buen rato del mundo y permitieron a las dos o tres neuronas que me quedan sentirse a salvo y arropadas.

Yo no sé si conocéis a Pez Mago, os suena o habéis tenido el placer de verlo en directo. Solo puedo decir que merece la pena. Que no es que sea mi amigo y por eso esté escribiendo este post promocional, es que su forma de ver la vida y comunicarlo tiene luz de hogar. Y estoy segura de que estés en la parte del mundo que estés, solo o acompañado y aunque todo a tu alrededor sea hostil, escuchar la voz Lucas cantando Madrid conseguirá que, al menos durante unos segundos, sientas que estás en casa.

Por eso os dejo aquí un par de vídeos. Porque creo que os gustarán y no os podréis resistir a buscar más canciones.

¡Un músico SÍ, por favor!

Bajo tu Kilt. (Post 2. Edimburgo)

El castillo de Edimburgo es también una visita fundamental, no ya por el castillo en sí mismo, que desde la calle por la que se accede merece la pena o por ver el pórtico, el museo o los sótanos…sino por las vistas. El castillo ha sido la base del Ejército británico en Escocia desde 1745, cuando tuvo lugar la última contienda, hasta 1920, ahora es uno de los puntos turísticos más importantes de la ciudad.
Desde allí, bajando por Victoria St, con sus callejuelas y tiendas de todo tipo puedes llegar hasta la Catedral de St Giles o Gran Iglesia Presbiteriana de Edimburgo. Realmente solo fue catedral (como base del obispado) desde 1633 hasta 1638 y de 1661 a 1689. Aunque el edificio actual es del siglo XV fue restaurado en el XIX. No es una iglesia preciosa, la verdad, pero tiene mucha historia y visitarla cuando vas a Edimburgo es fundamental además de inevitable (porque te la vas a encontrar aunque no quieras).
Al salir de la iglesia el espectáculo que encontramos fue increíble. Era sábado por la tarde y había varias bodas por la zona. Los novios y muchos de los invitados vestidos con el Kilt, la procesión que se genera al salir de la iglesia, la gaitas…es un espectáculo que yo llegué a dudar incluso de que se tratase de un montaje para turistas.
Desde allí nos dirigimos a buscar refugio porque de nuevo empezó a llover y nos metimos en la National Library; un buen lugar en el que se pueden ver exposiciones y al que acude gente para conectarse a internet o para reunirse con sus profesores de idiomas, ya que la cafetería es cómoda y silenciosa.
Tras pasear todo el centro de la ciudad volvimos al hotel a descansar, al día siguiente nos esperaba Calton Hill.
Calton Hill se eleva al final de Princess Street, se trata de una acrópolis en cuya cima se pueden encontrar diferentes monumentos de principios del XIX. También es uno de los mejores miradores de la ciudad. En la parte sur de este cerro se puede ver la fachada de St Andrew´s House (sede del gobierno hasta 1996). Más adelante y basado en el templo de Teseo (Atenas) encontramos el Royal High School, que es de principios del XIX y ha tenido alumnos destacados con Graham Bell o Walter Scott. También se puede ver el Monumento a Burns, de estilo griego y construido en 1830. Al llegar a la cima te encuentras una especie de Partenón, se trata del National Monument y se construyó para honrar a los escoceses caídos en las guerras napoleónicas. También encontramos el Monumento a Nelson, que conmemora la victora en Trafalgar. Para terminar la ruta a pie por esta colina llegamos al City Observatory, basado en el templo ateniense de los Vientos y construído a principios del XIX que ofrece, sin lugar a dudas,  las mejores vistas de la ciudad.
Como no estamos muy acostumbrados a la transparencia política nos fuimos desde allí hasta el Parlamento escocés. ¿Sabíais que el arquitecto que lo diseñó era español? Enric Miralles fue el creador de este edificio asombrosamente moderno y lleno de simbología. Desde el salón de plenos en el que se juntan mar y tierra con un diseño en el techo inspirado en el casco de los barcos hasta la planta del propio edifico que es “la flor de la democracia enraizada en el suelo”. El público tiene acceso a todo el edificio tanto por visita libre como por visita guiada. Allí se pueden encontrar libros con todas las decisiones que se han tomado en el parlamento a lo largo de los años ya que para ellos la transparencia política es incuestionable. Igualito que aquí.

Mañana me voy a Nueva York así que estaré de nuevo una semanita desconectada. A la vuelta os sigo contando.

Bajo tu Kilt (post 1. Edimburgo)

Tal como prometí, pero con un poco de retraso, empiezo a contar mi visita a Escocia. Lo haré en posts de unas 600 palabras para que no se haga demasiado denso.

El pasado 17 de julio a las ocho en punto de la mañana despegaba nuestro vuelo directo de Ryanair Alicante-Edimburgo. Yo, cargada con la GoPro, el móvil, el palo-selfie… todo lo que tenía a mi disposición para inmortalizar lo que yo -todavía- no había considerado un viaje multiaventura.

A las 10:40 (hora española) o 9:40 (hora local) llegábamos a Edimburgo. Tras esperar nuestras maletas de mano, que fueron facturadas gratuitamente por la alta ocupación del vuelo, nos dispusimos a buscar un taxi. Mientras nosotras nos reíamos de lo raro que resultaba circular por el lado contrario, Antonio -nuestro único hombre-, no perdía detalle de la carretera y de la forma de conducir del taxista, puesto que un par de días después iba a convertirse en nuestro chófer (atención al uso en este caso del pretérito imperfecto, que va con doble sentido).

Beaver Street y, al fondo, nuestro hotel, una residencia de estudiantes de habitaciones con cama de 1,10 como única opción y que yo debía compartir con mi queridísima madre, mujer adorable donde las haya pero con tendencia a la práctica de las artes marciales durante sus horas de sueño. Dado que allí el check-in se realiza a partir de las 3 p.m, dejamos las maletas en una habitación multiusos del hotel confiando en la buena fe de locales y visitantes para dar comienzo a nuestra exploración de la ciudad.

Edimburgo sorprende. Empezamos a caminar desde el hotel hasta el centro de la ciudad observando los edificios, los habitantes y los coches que se movían al revés. “¡Qué raros son estos escoceses!” -gritaba la Pepa en cada esquina a la que se asomaba, como una niña que descubre por primera vez que hay un mundo distinto al de su memoria. 

Primera hora en Escocia, y primera lluvia. Nos refugiamos en la wpid-dsc_2608.jpgScottish National Portrait Gallery, un palacio gótico veneciano que se reabrió en 2011 tras dos años de reforma, para ilustrar la historia de Escocia a través de las caras de sus protagonistas. El gran salón, que recibe a los visitantes y los distribuye por intereses (baño, cafetería, exposiciones.. ese fue nuestro orden), está decorado con un friso que lo rodea en el que se encuentran, por orden cronológico, los principales rostros del país. desde Cálgaco (que comandó a las tribus caledonias contra los romanos) hasta el filósofo Thomas Carlyle. En el techo encontramos pintada la representación de las constelaciones (que a algunas recordó al “Cielo de Salamanca”), y en los balcones de la primera planta -que también se encuentran en este salón- pudimos seguir la historia de Escocia. Además, he de decir que los bocadillos de su cafetería son comestibles.

Desde awpid-dsc_2529.jpgllí nos dirigimos a New Town, la nueva ciudad, repleta de casas victorianas organizadas que, a través de un valle llamado Princess Street Garden, en el que gaviotas y escoceses hacen pic nic y toman la sombra, separa Old Town de la Royal Mile. Aquí encontramos el monumento a Scott, construido tras su a muerte en 1832. No tiene pérdida, porque es enorme y está situado en mitad de la calle. Decorado por la parte exterior con los personajes de sus obras, en el interior se puede ver, por cuatro libras, una exposición de la vida del escritor presentada en un recorrido de 287 escalones que termina, supongo, con buenas vistas de la ciudad. No lo sé porque no pude comprobarlo, ya que, si algo tiene Escocia, es  que es carísima, así que hay que priorizar.

Mientras, algunos escoceses -estos, para mí, de los más raros raros- se montaban en una enorme noria descubierta que, sin duda, también ofrecería unas magníficas vistas de a ciudad. pero que a 12º de temperatura y lloviendo no me resultó una experiencia muy atractiva que digamos.